Quentin Tarantino es un director al que es muy difícil de catalogar. Sus películas necesitan de cierto tiempo de asimilación. Envecejen bien, y adquieren significados y matices conforme el reloj de su particular vida avanza. Malditos Bastardos era uno de los proyectos más postergados y atrasados del director, y por ello, las expectativas y esperanzas eran altas. Todas sus películas suelen pasar por diferentes fases creativas durante su desarrollo, y luego, por otras fases y momentos por parte de los aficionados y espectadores. Muchos salimos bastante contentos con los Bastardos de Quentin, si bien otros esperaban algo más gamberro y loco por parte del director de Pulp Fiction o Kill Bill. Está claro que muchos creían ver a Pitt como el protagonista de un Salvar al Soldado Ryan fuera de rosca, lleno de situaciones violentas per se (y ojo, que las hay) y demás tonterías del cine más comercial mezclado con la autoría típica de Tarantino. Una especie de revisión de la primera parte de Kill Bill con nazis en vez de samurais o personajes con katanas.
Malditos Bastardos es una maravillosa fábula sobre la ocupación nazi en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Cuenta con una excelente división por capítulos (cosa ya habitual en su forma de hacer cine y contar historias), y unas cuantas líneas de diálogos sencillamente magistrales. Todos los compartimentos argumentales, que a priori pueden parecer estancos, irán entrecruzándose y mezclándose hasta un clímax final en ese maravilloso cine de la Francia ocupada, "Le Gamaar". El leitmotiv de la película (o uno de ellos), por así decirse, podría ser la utilización del cine como arma. Del cine como elemento destructor y a la vez, conciliador o resolutivo para los conflictos. Todos los caminos y personajes confluyen hacia el salón de cine regentado por Shosanna, y es allí donde, la venganza se sirve proyectada en plato de 35mm. Malditos Bastardos, al ser una película coral, cuenta con la participación de excelentes actores. Hasta aquí nada es nuevo, pero es el crisol de culturas y nacionalidades diferentes, lo que hacen a la película algo más en dicho aspecto. Tenemos a joyas alemanas (Christoph Waltz, Diane Kruger), bellezas francesas (Melanie Laurent) y reconocidos actores americanos (Brad Pitt). Cada personaje tiene un cierto transfondo, un carisma particular y un papel real en la historia. Hay cierta antítesis entre ellos, y es curiosa la yuxtaposición de algunos de ellos. Por ejemplo, Aldo Raine es un avatar duro, acostumbrado a hacer las cosas a su brutal manera. Hans Landa en cambio, es un zorro astuto, experto en manipular a cualquiera para lograr sus objetivos. Todos y cada uno de ellos hablan en su idioma materno, y eso es lo que precisamente hace destacar al film. Secuencias o escenas como la narrada y ocurrida en la taberna (de casi media hora de duración) es un excelente ejercicio de inteligencia narrativa y realizadora por parte de Tarantino. De libro.
Malditos Bastardos es una culminación a todos los niveles del cine de Tarantino. Es la depuración de sus elementos e influencias cinematográficas, un punto y final a su carrera (aunque esta siga creciendo y ampliándose con el tiempo). Es un fuerte plato lleno de referencias a películas del género conocido como "nazismo pulp",(con guiños a obras como El nido de las águilas y La Noche de los Generales), y al western. Nadie podrá negar el suave y delicioso aroma a Sergio Leone en los primeros minutos de arranque de la cinta. Vamos, es que poco falta para que la campiña francesa se convierta en un peligroso desierto y los nazis, en terribles forajidos. Es algo a lo que ayuda (y mucho) su banda sonora. Las piezas escogidas por Tarantino para ambientar su fábula de nazis y soldados son idóneas para los momentos y situaciones que ha querido reflejar. No faltarán temas de Ennio Morricone (La Arena, de la película El Mercenario o Salario Para Matar volverá a estar presente) o Lalo Schifrin. Destacar que, lo que podría ser la mejor escena del film, (la de Shosanna apoyada en un maravilloso ojo de buey que deja entrever decenas de pendones con esvásticas de fondo) está musicalmente acompañada de la maravillosa canción de David Bowie Cat People (Puttin out the Fire). Jamás había visto un acompañamiento musical más acertado. Malditos Bastardos también es, a su vez, una increíble y referencial muestra a sus desvaríos y fetiches como director. Quentin no oculta su vena claramente paródica hacia el género de aventuras o espías (la escena del cine y el disparatado plan de Aldo Raine y los Bastardos al final es una buena muestra de ello) y se recrea en los momentos más violentos y truculentos. Como película histórica (en el sentido más laxo de la palabra), tampoco faltarán figuras como un histriónico y paródico Hitler o un Goebbels obsesionado con controlar el sentido y el sentimiento patrio de la nación mediante el cine (una referencia más al cine como arma e instrumento poderoso). Malditos Bastardos es cine. Es el mejor cine de Tarantino en los últimos años (con el permiso de los últimos veinte minutos de Kill Bill Vol 2).
Como película de autor, es difícil de catalogar. Malditos Bastardos es una obra maestra muy difícil de alabar. Es un guiño a sus seguidores y a la vez, a los aficionados al cine. No es fácil decir si es o no su mejor obra, de hecho, esperemos que nos continue sorprendiendo y maravillando con películas buenas en un futuro, pero sí se podría decir que es, hasta el momento, el mejor reflejo y resúmen de su corta pero excelsa carrera. Y en Tarantino, a tenor de su pasado cinematográfico, es un grandioso comentario a su favor.
Espero no haberos aburrido mucho con semejante tocho, pero Tarantino es un director fetiche en mi corazón, y tenía esta pequeña deuda contraída con vosotros.
Saludetes![]()




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