Estoy completamente de acuerdo con Charlie en que el Estado ha de aplicar las penas fríamente y con la ley en la mano, no para ejecutar venganzas personales. Pero estoy absolutamente disconforme con la legislación vigente y con los numerosos casos de aplicación arbitraria que venimos padeciendo en los últimos años.

Un estado democrático, civilizado y garantista no puede velar por los derechos, la comprensión, la generosidad, etc, hacia los delincuentes en detrimento evidente de los ciudadanos que cumplen la legalidad. Las actitudes judiciales combinadas con determinadas leyes están abocándonos a una delincuencia sin consecuencias minimamente disuasorias. Hay mucha hipocresía y mucha contradicción en cómo se está legislando e interpretando la ley. Y nadie parece estar por revisar el código penal rigurosamente y aplicar un mínimo de lógica, equilibrio y coherencia en las decisiones.

Y no estoy hablando del restablecimiento de la pena de muerte, sino de un mínimo de proporcionalidad entre crimen y pena, y un mucho de sensatez en la aplicación de eximentes, justificaciones, atenuantes y agravantes, que últimamente parece que demasiados miembros de la judicatura no están bien de la cabeza.