Uffff... la última película de Lowery me ha parecido toda una experiencia. Aún no sé cómo catalogarla o como aplicar lo que se dice más de una vez dentro de ella, el nivel metafórico de lo que aparece en pantalla. Pero bueno, que Lowery se pone experimental y metafórico, pero a la vez estamos ante una historia que presenta un texto que por momentos casi recuerda a un auto sacramental o a La huella... y desde ahí brilla el mayor triunfo de la cinta, el duelo interpretativo al que asistimos entre Anne hathaway y Michaela Coel, para mí perfecto.

Por lo de más pues alabar la manera de rodar de Lowery, de nuevo con escenas teatralizadas y con toque religioso (como un Greenaway depurado) o con momentos de montaje visual casi casi abstractos (que me han recordado al Jonathna Glazer de Under the skin), en contraste con momentos más videocliperos. Y hay por ahí algunos de tallitos que me han hecho pensar en el Guadagnino de Suspiria.

También me quedo con la labora fotográfica y con la composición musical, mezcla perfecta y casi constante de canciones diegéticas y composiciones de un inspirado Daniel Hart.

En definitiva, una bizarrada, para mí la mar de bien presentada e interpretada.

Saludos