Es una gran película que reafirma el talento de Nolan como uno de los directores de nuestro tiempo. Pero no por ello soy capaz de dejar de pensar que este ensalzamiento crítico, y éxito de taquilla, ha tenido mucho de inercia -justa, pero inercia al fin y al cabo- fruto del entramado publicitario en el que se ha visto envuelta. De esa corriente incluso asociada a Barbie.

De pronto, se ha visto situado en el objetivo del gran cine, como ese tipo necesario. Como si no hubiese hecho películas magníficas antes.

Ahora es uno de esos nombres asociados a la misión divina que supone salvar el cine.


Por cierto, a propósito de un detalle de la película:

La sesión "en un cuartucho" donde se decide retirar la acreditación de Oppenheimer y "destruírlo"



El señor mayor de la esquina, en el film un tal "Evans", está presente en silencio en todo el interrogatorio, como si su edad atesorase el peso moral de la tradición, del inmovilismo del cuerpo del estado, y al mismo tiempo de la prudencia necesaria para que todo acabe como debe acabar en su contexto, haciendo una breve intervención al final. Positiva pero intrascendente.

Ahora recordemos la reunión de urgencia en la propia central la noche en que explotó el reactor número 4 de Chernobyl; en la serie.



Un señor mayor muy parecido como garante del cuerpo del estado, de que nada va a hacer que algo se pueda tambalear. De asumir lo que está pasando dentro de la normalidad habitual, y que lejos de reportar algo negativo, sólo puede interpretar lo que está pasando como una manera de reafirmar (brillar) el propio sistema y a ellos mismos como parte de la maquinaria.

¿Casualidad? Puede ser. O quizá ambos estén apelando a lo mismo con una figura parecida. O en realidad es un paralelismo fugaz y fortuito. Pero al verlo me hizo pensar en ello.