Lejos de ser un producto excesivamente pretencioso, como otras del mismo estilo, los responsables juegan mucho con la empatía, poniendo a prueba los nervios del espectador mediante ese truco bastante efectivo, y de alguna manera, simulando las carencias, que no son ni más ni menos que la trama, poco novedosa y falto de algo nuevo que pueda arrancar del espectador, el miedo o pánico a lo desconocido.
Desde el principio ya sabemos de lo que va la cosa, así que poca sopresa nos va a deparar todo lo que nos pueda contar, pero esa empatía, a la que anteriormente me refería, intenta dar la oportunidad a todos de ponernos un poco en el pellejo de los poco agraciados protagonistas. No son ningún portento, pòr otro lado, son gente normal del montón que nos facilita mucho la labor de ubicarnos en su papel, y eso es lo que lleva exitosamente al director, a cumplir con su objetivo, que es la de aislarnos en el mismo "cajón terrorífico" que los actores.
En definitiva, es un digno ejercicio, que nos lleva incluso a la reflexión, de hacernos creer, que la desgracia, el gafe, el yuyu, el mal rollito, el negro áurea, no lo tienen los objetos, las casas, los lugares, sino las personas, algunas, que por sus características, les hacen terriblemente permeables a este tipo de males.




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