Me puse con ella sin haber leído nada de nada, y me sorprendió el género y el tono que le da Vince Gilligan, tan alejados de sus obras anteriores. Dentro del género (ni lo voy a citar, lo mejor es ir en blanco), se ven sus referentes claramente, pero los trata con deferencia y los homenajea, aunque hubiera estado bien que los protagonistas citaran los títulos clave. También intenta darles una vuelta de tuerca, generalmente con humor, pero no siempre funciona. A veces parece que va muy a lo básico de la premisa y no dará para cuatro temporadas, en otras ocasiones sí aporta giros ingeniosos. Con estos últimos, el buen acabado y la presencia arrolladora de Rhea Seehorn, engancha bastante. Hay suspense, aventura, drama y humor en buenas dosis. Pero la irregularidad habitual de las series de Gilligan también se ve pronto, y muchas veces cabe pensar que podía sacar más partido de todos los elementos, en especial los dilemas éticos. Tenemos tres capítulos que cabían en uno, lo cual en una temporada tan corta es difícil de perdonar. Lo que peor funciona son sus típicas escenas de transición: las aventuras por desiertos o selvas son muy forzadas, y las escenas de lo cotidiano con un punto perturbador por los cambios que sufre la protagonista tampoco están muy logradas: esas tontas partidas de golf y otros enredos solo son tiempo perdido.

En resumen, una serie sencilla, intrigante y con buenas ideas pero muy irregular en ritmo.