Respuesta: Clásicos del terror
Por cierto, que lo de la domesticación adolescente y erótico-feminil de los vampiros es una cosa curiosa y que, desde mi punto de vista, viene de largo.
Cualquiera que se haya leído el Drácula de Stoker sabe que, en la novela, el señor conde es un tiparraco de cuidado. Sin rastro de atractivo para las mujeres. Una especie de animal (En el sentido literal de la palabra. Inteligente, sí... pero con una inteligencia más instintiva y condicionada que otra cosa). Un depredador salvaje y más malo que la quina.
En Le Fanu hay otro punto. Carmilla sí es sensual y atractiva, a su modo (del todo). En general las vampiras literarias tenían ese toque erotizante y seductor del que carecen sus equivalentes masculinos (que son unos impresentables y unos groseros. Y, además, feos).
De los Dráculas cinematográficos clásicos, suele adjudicarse a Cristopher Lee el inicio de la explicitud erótica (y eso que Bela Lugosi era un tipo fino y relamido). Pero, mi modo de ver, el conde que encarna don Cristóbal sigue siendo un bicharraco de cascos de porrón, con muy malos modos, una forma de tratar a las mujeres de todo menos políticamente correcta y bastante asalvajado en general (encima, conforme avanza la saga tiene peor genio, el jodido).
En la de Badham se empieza a ver el puntico lánguido (aunque el conde sigue siendo un bicho malo). Y, curiosamente, es Naschy el que más explícitamente juega con la cosa amorosa y sentimental en El Gran Amor Del Conde Drácula.
Yo creo que la culpa de todo la tuvo la Rice y sus novelas de Lestat y la madre que lo parió.
Y que Coppola terminó de darle la puntilla (con su maravillosa y tremendísima película, que a mí me gusta más que mucho).
Estoy de acuerdo al 100%.
Me gustaría, no obstante, matizar algo. Con respecto a la aureola romántica y amorosa, habría que trasladarnos al año 1972. Tanto javier Aguirre como William Crain abordan una temática semejante pero en paralelo. Hablo de
Drácula negro y
El gran amor del conde Drácula. No obstante, el personaje de Naschy sigue siendo más virulento que el negrito, más afín con su fuero interno. Y aunque el de Badham y el de Coppola penetran de lleno en esta desviación emocional hacia lo humano, sigue prevaleciendo el lado malvado. Hay otras piezas de transición:
Drácula (1973), de Dan Curtis y
Nosferatu de Herzog.
Tuve conciencia que estas nuevas visiones venían a colación de los dictados de la Rice. De ahí que obras posteriores se decantaran hacia dicho humanismo, como la novela
Las cintas de Drácula, que encierra claves importantes que afectarían a la versión de Badham con Langella (ente no necesariamente malo, sino que, por vivir en otra dimensión, altera la normalidad de la sociedad).
Nosferatu es un monstruo expresionista total, un icono equivalente al terror en su más pura quintaensencia. El Drácula de Lugosi es un vampiro espectral que intenta interpretar a un ser humano para colarse en sociedad. Es un ser más metafísico que físico, pero su maldad es evidente. Lee con los nuevos tiempos recurrió más a la violencia física, a la acción, a la maldad epidérmica, hasta olvidar que con su poder mental ya debiera bastarle, pero que funciona a las mil maravillas. Recuerdo ahora cuando lleva en brazos a Veronica Carlson hasta las puertas del castillo en
Drácula vuelve de la tumba. Alguno decía: "¡Qué caballeroso!". ¿Caballeroso? Ella sola no habría podido escalar para llegar arriba. Mirad qué hace en cuanto llegan: la lanza en plan bestia y le dice: "¡Aparta eso de mi vista!", refiriéndose a la cruz.
Muchos queremos que retorne ese vampiro de mala uva, sin conflictos emocionales y existenciales. Porque para eso, a mí ya me basta con las sutiles palabras de Lugosi en el palco de la época: "Morir, estar realmente muerto... Eso ha de ser glorioso". Y todo lo que sigue después, pero sin llantinas, amaneramientos ni estampas a lo Corín Tellado. El mal en estado puro.
No obstante, es lógico que ha de haber para todos, por aquello de la variedad. Y esas chavalillas enamoradizas también necesitan soñar con novios cuya piel brille durante el día de manera espectacular sin necesidad de aplicarle Nivea. Mientras tanto, y en espera del espíritu recuperado de Stoker, Le Fanu, Polidori, Tolstoi, etc., uno se tomará unos cuantos cafés...
PD: Y ahora un inciso necesario. Es menester que nos acerquemos a
Son of Dracula para entender que existe un foco iniciador y pionero en el clásico de la Universal. A pesar de que Chaney Jr. no se esmera con el papel y por ello pasó al olvido, existen notas transgresoras con el matrimonio establecido en la trama. En su momento pensé que era el precedente más notable del
Drácula de Badham, pero bien mirado, la actitud de la protagonista es muy distinta. No me extiendo: invito a que se visione. Merecería todo un estudio psicológico aparte. Otro motivo más para la blandura de esta visión, en detrimento del personaje de Chaney Jr., a pesar de que la película sea visualmente hermosa.