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Re: Clásicos del terror
Este tipo de películas se disfrutaron en Argentina por televisión a partir de la década del sesenta. Existe un gran libro titulado Sábados de Super Acción, de Fernando Martín Peña y Diego Curubeto, que a modo de guía cronológica asientan todas las joyas que podían verse en esa época y las peripecias de los proyectoristas para evadir la censura de la dictadura y setentismo peronista.
Más allá de ello, la cultura cinematográfica española -a todo nivel- es cien veces superior a la argentina. Se observa ello en las producciones, en la critica, en los libros publicados y en los festivales que se realizan.
Incluso, el hallazgo de la copia completa de Metrópolis, se debió a la insistencia de un coleccionista privado y amante del fantástico -el nombrado Peña- quien soportó todo tipo de trabas burocráticas durante años para poder acceder a diferentes archivos de los gobiernos de turno. Esto hubiera hecho enrojecer al mismísimo Kafka.
¿Yo enciclopedia? Hombre... Diodati sí que lo es... Sí, cierto que "El regreso del vampiro" no se estrenó nunca en España. Creo que en Argentina sí se estrenó en cines. A veces, tuvieron más suerte los argentinos que los españoles. Ahí se estrenaron muchas películas de terror y del cine fantástico de los años 30, 40 y 50 y aquí en España, ni se pasaron en cines ni en la televisión.
Este tipo de películas se disfrutaron en Argentina por televisión a partir de la década del sesenta. Existe un gran libro titulado Sábados de Super Acción, de Fernando Martín Peña y Diego Curubeto, que a modo de guía cronológica asientan todas las joyas que podían verse en esa época y las peripecias de los proyectoristas para evadir la censura de la dictadura y setentismo peronista.
Más allá de ello, la cultura cinematográfica española -a todo nivel- es cien veces superior a la argentina. Se observa ello en las producciones, en la critica, en los libros publicados y en los festivales que se realizan.
Incluso, el hallazgo de la copia completa de Metrópolis, se debió a la insistencia de un coleccionista privado y amante del fantástico -el nombrado Peña- quien soportó todo tipo de trabas burocráticas durante años para poder acceder a diferentes archivos de los gobiernos de turno. Esto hubiera hecho enrojecer al mismísimo Kafka.
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