Lo extraño es que los habitantes del barrio no solo no se extrañasen en absoluto de que se instalasen entre ellos un mutante y un erizo gigante de color rosa que además habla, sino que además les dejasen jugar con sus hijos

Además la choza esa en la que vivía Espinete como se la podía permitir, si no daba palo al agua y estaba todo el día haciendo el chorra con los niños y con su amigo el mutante?

Un saludo