Nope, Avatar es puro JC, no sé porque lo veis cómo un festival CGI sin sustancia cuando está todo ahí, más concentrado que nunca.
Ok, es una puesta al día del mito de Pocahontas, los alienígenas no son más que nativos americanos con algunos cambios, su mensaje ecológico y su historia de amor son simples y facilones, los buenos son muy buenos y los malos son muy malos. Que el ambiente está “muy currado”, pero que no hay mucho más. Y, en efecto, la parábola con la destrucción de la cultura de los indios americanos está ahí. Y sí, hay una historia de amor. Y sí, un discurso ecológico evidente. El guión cabe en una servilleta de bar, cómo viene su habitual en su filmografía. Esto no es una crítica, por lo ya comentado anteriormente por Synch y por mí.
Su cine siempre ha estado basado en ideas completamente primarias, vitales y universales. Un par de trazos bastaban para definir la motivación y establecer el recorrido vital de Ripley, Connor, y Jack & Rose, y de nuevo lo tenemos aquí en Avatar.
Si, no es intelectual. Es pasional. Es concentrado. Es rematadamente simple. Y es algo con lo que, por encima de todo, puede indentificarse todo el mundo, gente normal, con actitudes y vida normal, que experimentan acontecimientos que les superan y a la larga acaban haciéndoles replantearse la manera que tienen de ver ciertas cosas.
Cameron entiende perfectamente que la grandeza del cine no consiste en que se cuente , sino en cómo se cuente, por eso es un realizador tan centrado en lo sensorial, como vehículo de la emoción. Y por eso la verdad incontestable de sus películas reside en las miradas, en los ojos de sus personajes, que transmiten gran cantidad de cosas por mucho que sean los ojos de criaturas CGI.
Las miradas, que nos hablan de la necesidad, el dolor, el sufrimiento, el miedo, el amor... (miradas presentes en Aliens, en Terminator, en Titanic...), brillan con fuerza en Avatar, especialmente, por su importancia fundamental, en el caso de su protagonista femenina.
En el cine de Cameron los caracteres femeninos son muy importantes, y esta guerrera no desmerece a lado de las fuertes e , independientes, Rose, Ripley, Sarah Connor, Lindsay Brigman o Helen Tasker. La interpretación de Saldana es tan potente, ty su máscara digital es tan transparente, tan perfecta, que pueden apreciarse sin problema los numerosos matices de un personaje muy difícil de hacer creíble.
Avatar, claro, es un guión muy visual, que Cameron, cómo coloso de su oficio que es, exprime todo cuanto podría exprimirse.
Jake aprenderá a ver el mundo a través de los ojos de los Na’vi, y a comprender que nuestra raza es una raza enferma de ambición, que justifica los actos más crueles y las barbaridades más incomprensibles con un cinismo y una mordaza de supuesta humanidad, y cómo lo comprenderá conforma una de las mejores películas de aventuras de los últimos años.
Porque eso es lo que es Avatar, cine de aventuras de primer orden, nada más ( ni menos) y buscar escritura compleja en su guión y profundidad psicológica en sus caracteres es no saber lo que es importante en una peli de Cameron.
Avatar no es una obra pretenciosa, con ínfulas artísticas. Si es, la obra de autor con mayúsculas, con unas constantes estilístico temáticas claramente marcadas a lo largo de su obra, y que están my presentes aquí. Cameron nunca ha sido un cineasta intelectual o minoritario.
Cómo gran director de aventuras y acción, su triunfo consiste en provocar una catarsis emocional al espectador con sus relatos, no en dejar moralejas, poso, o mensajes profundos. Baste con ver la secuencia de la batalla final, la destrucción de un mundo violento pero pleno de armonía y de espiritualidad, brillantemente filmada. Duele. Duele ver el desarrollo de los acontecimientos, la dualidad moral de Jake, la muerte de personajes a los que se les coge cariño con tan poco tiempo en pantalla. Nos importa, y por ello nos involucramos con ellos y sufrimos con ellos.
Avatar no es, ni le hace ninguna falta, una revolución cinematográfica. Tampoco el 3D es necesario en absoluto para disfrutarla. Si es un viaje que resulta una experiencia sensorial, un vaivén emocional, y una magnífica montaña rusa de acción y aventuras. O dicho de otro modo, una película de James Cameron por los cuatro costados.
Tal vez por eso , aunque la tremenda fuerza expresiva del cine de acción y aventuras le legitima a mi juicio cómo auteur, cuenta con el desprecio de parte de la crítica especializada, pero ser un auteur no es sólo hacer cine cómo el de Malick, Lynch, o Dolan (que me gustan mucho).
De hecho, la saga Star Wars, definición pura y dura del blockbuster y cine comercial actual, es en realidad puro cine de autor independiente. Es más, no creo que nadie personifique mejor el concepto de auteur en la industria americana en los últimos 40 años que George Lucas.




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