La primera es muy brillante, muy Raimi. Aunque el error de diseño del traje del duende pase factura y el final se convierta en un remedo de Kaija Egu.
Toda una lástima.
La segunda corrije los errores de la primera, y potencia las virtudes. Pero Raimi considera que para que el público se identifique con Spi, debe de mostrar la cara lo más posible. Craso error. Sin duda es la mejor de la trilogía, pero ese Spidey sin máscara sobraba, máximo cuando Tobey empezaba a desentonar con el personaje.
La tercera es inclasificable. Un Raimi agotado y aburrido de la franquicia dirige y da forma a una historia mecánica y lánguida, Tobey definitivamente crea un Peter Parker que crea más antipatía al espectador que los villanos, y todo se cierra de manera forzada y con calzador.
No se podía seguir por ese camino de ninguna de las maneras. Me alegro con la idea del nuevo reboot. Y qué duda cabe, como fan de los cómics que leía en los setenta, pasaré por caja.
Por cierto, el nº 1 de Spiderman lo compré personalmente cuando salió siendo yo niño. Me impresionó su portada y ese ser de extraño y vistoso aunque mágico atuendo.




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