es cierto que la serie abusa de un ritmo pausado, incluso en escenas a las que les vendría bien algo de ritmo, pero es precisamente lo que me gusta de ella. La forma tan brillante que tiene de gestionar los silencios; un oasis en esta época en la que si un plano dura más de 10 segundos, la gente se aburre. Esto no es sino una prueba de que el creador trata con inteligencia al espectador. Porque en esta serie los silencios están cargados de significado, tanto, que muchas veces no es necesario que los actores hablen, y para mí eso tiene un mérito enorme. De hecho, el final es tan brillante que permite al espectador seguir utilizando su imaginación y valorar todas las implicaciones éticas y morales que la serie ha ido planteando a lo largo de 6 temporadas.

Un saludo.