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Alan’s Wake: American Nightmare es un proyecto insólito dentro de la franquicia Alan Wake. Era un título de Xbox Live Arcade que acabó con un “port” a PC, y su desarrollo se extendió durante unos ocho meses. No es una secuela y siquiera diría que funciona como una expansión narrativa como tal.
El juego propone un episodio de Night Springs (una suerte de homenaje a Twilight Zone), la serie de televisión ficticia del Alan Wake original. De hecho, el juego se presenta como un episodio del serial en el que Alan Wake es tanto el guionista como el protagonista y así aparece en los títulos de crédito iniciales. Es más, tiene un detalle bastante definitivo que subraya su condición de meta-fabulación, mostrando cómo la “cámara principal” del juego se adentra en la pantalla de otro televisor que emite la historia que Alan creó para la serie.
Esta historia, lamentablemente, explora un formato bastante más breve (el juego apenas llega a las tres horas), totalmente orientado a la acción un tanto gratuita y claramente desligado de las ambiciones narrativas del título original. Es poco menos que un apéndice complementario de una obra mayor que intenta justificar su existencia sin terminar de encontrar un propósito claro más allá de presentar las motivaciones del “antagonista”, el Señor Chirridos (Mr. Scratch), nuestro particular
Doppelgänger. De hecho, en la resolución de la historia se afirma literalmente que todo ocurre en otro tiempo y en otro lugar. Nada importa. Es más, ¿ha ocurrido realmente? Y qué más da.
Sea como fuere, la indefinición de la historia y su condición de nadería consciente se vuelve bastante problemática muy rápidamente porque vertebra su desarrollo desde bucles temporales que, lejos de tener una intención narrativa o discursiva, parecen implementados para dilatar artificialmente su duración. Llega a ser enervante.
Sí. El juego nos obligará a reincidir en el mismo desarrollo. E insistir en las mismas localizaciones con los mismos objetivos. Y lo haremos en tres ocasiones consecutivas (es un bucle, reitero) con variaciones mínimas que siquiera aportan profundidad ni mayores matices. Es una decisión muy cuestionable, que no solo bordea la negligencia creativa sino que transmite una sensación de “sacacuartos” descarado. Un recurso para rellenar tiempo efectivo de juego sin ofrecer contenido significativo. La trama, ya de por sí ligera y bastante pueril, queda así constreñida a esta estructura repetitiva que puede llegar a hacerse muy cuesta arriba. La primera vez, bueno. La segunda, dónde vas. La tercera, qué me cuentas. Lleva la paciencia al límite.
En lo visual, los dos años transcurridos entre el título original y American Nightmare se notan, y el juego presenta un apartado gráfico, en líneas generales, más pulido que el de Alan Wake, se acepta. Sin embargo, eso no se traduce, ni de lejos, en un diseño artístico más complejo o reivindicable. En absoluto. Ni volviendo a nacer. De hecho, hay un retroceso claro tanto en la capacidad del juego de generar o replicar aquella atmósfera densa del original como especialmente en su identidad estética. Apenas queda rastro del tono, la melancolía cromática de aquellas localizaciones, la densidad de las sombras, la niebla o incluso los juegos de luces volumétricas que definían al original.
El resultado es más vistoso en resolución y nitidez de los modelos (video real en alta definición incluido) pero infinitamente menos evocador artísticamente, incapaz de generar la misma sensación de inquietud. En lo que respecta a personalidad visual y coherencia artística, Alan Wake juega en otra dimensión.
¿Y qué salvo entonces? Su gunplay, claro. Aquí es donde American Nightmare encuentra su mayor virtud, principalmente porque se limita a “fusilar” (pun intended) al clásico. Es totalmente deudor del original, por supuesto, pero quizás se siente un tanto más refinado. La mecánica de la gestión de la linterna es más directa y su recarga más veloz, y en líneas generales todo el sistema de puntería responde tan eficientemente como siempre.
Respecto a las mecánicas de huida y esquiva, ahora nos permiten correr durante más tiempo y la recuperación es más rápida, ofreciendo una experiencia algo más dinámica y fluida a ese respecto.
Sin embargo, estas mínimas mejoras distan mucho de ser suficientes. American Nightmare, siendo divertido (y de ahí la recomendación), jamás consigue trascender. Diría que siquiera lo intenta. Apenas pasa por un título menor y termina siendo una curiosidad “aseada” más que una propuesta con mínimo peso. Y eso, atendiendo al nombre que lleva, es una decepción. Bastante entretenida, eso sí.
Lo curioso de este DLC es que al principio dijeron que no era canon, sino que era como una historia alternativa de Alan Wake. Pero una vez salió Alan Wake 2, se convirtió prácticamente en una pequeña precuela de este, así que ahora sí es canon
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