Falacia de falsa autoridad
Un argumento de falsa autoridad es una falacia que adopta la forma siguiente:
1. Se afirma que la persona A es una autoridad en el tema T.
2. La persona A formula la afirmación X sobre el tema T.
3. Por lo tanto, X es cierta.
Esta falacia se comete cuando la persona en cuestión no es una autoridad legítima sobre el tema. Expresado de manera más formal, si la persona A no está cualificada para formular afirmaciones fiables sobre el tema T, entonces el argumento será falaz.
Este tipo de razonamiento es falaz cuando la persona en cuestión no es experta. En tales casos, el razonamiento es espurio porque el hecho de que una persona no cualificada formule una afirmación no aporta ninguna justificación a la afirmación. Esta puede bien ser cierta, pero el hecho de que la afirmación provenga de una persona no cualificada no da ningún motivo racional para aceptar la afirmación como cierta.
Cuando una persona cae víctima de esta falacia, acepta como cierta una afirmación sin que haya pruebas suficientes. Más concretamente, la persona acepta la afirmación porque cree erróneamente que la persona que formula la afirmación es un experto legítimo y, por lo tanto, que es razonable aceptar la afirmación. Dado que las personas tienen la tendencia de creer a las autoridades (y que, de hecho, existen motivos sólidos para aceptar algunas afirmaciones formuladas por las autoridades, esta falacia es relativamente habitual.
Puesto que este tipo de razonamiento únicamente es falaz cuando la persona no es una autoridad legítima en un contexto particular, es necesario proporcionar unos criterios aceptables de valoración. Los criterios siguientes son de aceptación general:
1. La persona cuenta con experiencia suficiente en el tema en cuestión.
Las afirmaciones formuladas por una persona que carece del grado de experiencia suficiente para formular una afirmación fiable no contarán con mucho apoyo. Por el contrario, las afirmaciones formuladas por una persona con el grado de experiencia necesario se verán respaldadas por la fiabilidad de la persona en esa área.
A menudo puede resultar muy difícil determinar si una persona tiene o no el grado necesario de experiencia. En los campos académicos (como la filosofía, la ingeniería, la historia, etc.), la educación formal de una persona, su historial académico, publicaciones, pertenencia a asociaciones profesionales, artículos presentados, galardones obtenidos y otros aspectos pueden ser indicadores fiables de experiencia. Fuera de los campos académicos se aplicarán otros criterios. Por ejemplo, la única experiencia necesaria para estar en condiciones de decir cómo se atan los cordones de los zapatos es que la persona tenga la capacidad de atarse los zapatos, y de impartir esa información a los demás.
Debe observarse que no siempre hace falta un título universitario para ser un experto. Muchas personas tienen un elevado grado de experiencia en temas complicados sin haber asistido jamás a una universidad. Además, no siempre debe suponerse que una persona con título es experta.
Por supuesto, los requisitos para ser experto a menudo son objeto de arduos debates. Por ejemplo, algunas personas tienen (y proclaman) experiencia en algunas áreas (o incluso en todas) por inspiración divina o un don especial. Los seguidores de esas personas aceptan esas credenciales como fundamento de la experiencia de la persona, mientras que otros a menudo ven a esos expertos autoproclamados como personas delirantes o incluso como charlatanes. En otras situaciones, se producen debates sobre el tipo de educación y experiencia necesarios para ser un experto. Así, lo que una persona puede considerar un falso argumento de autoridad, otra persona podría considerarlo una línea de razonamiento bien respaldada. Por suerte, muchos casos no son objeto de tal debate.
2. La afirmación formulada por la persona está dentro de su ámbito de experiencia
Si una persona formula una afirmación sobre algún tema fuera de sus áreas de experiencia, entonces la persona no es un experto en ese contexto. Por ello, la afirmación en cuestión no está respaldada por el grado de experiencia necesario y no es fiable.
Es muy importante recordar que, debido a lo extenso del conocimiento y saber humano, es sencillamente imposible que una persona sea experta en todo. Por ello, los expertos únicamente serán verdaderos expertos en relación con ciertas áreas de estudio. En la mayoría de las demás áreas, tendrán escasa o nula experiencia. Por ello, es importante determinar cuál es el área de conocimiento a la que corresponde una afirmación. También es muy importante observar que la experiencia en un área no supone automáticamente experiencia en otra. Por ejemplo, el que una persona sea experta en física no la convierte automáticamente en experta en moralidad o política. Por desgracia, esto a menudo se pasa por alto o se olvida intencionadamente. De hecho, la publicidad se apoya en muchos casos en una violación de este requisito. Como sabrá cualquiera que vea la televisión, es muy habitual ver a actores y deportistas famosos patrocinar productos que no están cualificados para valorar. Por ejemplo, una persona puede ser un gran actor, pero eso no la convierte automáticamente en experta en automóviles, afeitado, ropa interior, regímenes de adelgazamiento o política.
3. Existe un grado aceptable de acuerdo entre los demás expertos en el tema en cuestión.
Si existe una cantidad significativa de discrepancias legítimas entre los expertos en un tema, entonces sería falaz formular un argumento de autoridad utilizando uno de los expertos enfrentados. El motivo es que, por cada afirmación formulada y “respaldada” por un experto, habrá una afirmación contraria formulada y “respaldada” por otro experto. En tales casos, un argumento de autoridad será normalmente inútil y la disputa deberá resolverse teniendo en cuenta las cuestiones realmente a debate. Puesto que ambos bandos de esa disputa pueden recurrir a expertos, no es posible solucionar racionalmente la disputa mediante argumentos de autoridad.
Hay muchos campos en los que hay una cantidad significativa de discrepancia legítima. La economía es un buen ejemplo de campo controvertido. Cualquiera que esté familiarizado con la economía sabe que hay muchas teorías verosímiles e incompatibles entre sí. Por eso, un experto economista podría afirmar sinceramente que el déficit es el factor clave, mientras que otro, igualmente cualificado, podría afirmar totalmente lo contrario. Otro ámbito en el que la discrepancia es muy habitual (y conocida) es el de la psicología y la psiquiatría. Como se ha demostrado en numerosos procesos judiciales, es posible encontrar un experto que afirme que una persona está loca y no puede ser juzgada y al mismo tiempo encontrar otro experto, igualmente cualificado, que testifique, bajo juramento y diga que esa misma persona está cuerda y puede perfectamente ser sometida a juicio. Evidentemente, no es posible fiarse de un argumento de autoridad en tales condiciones sin incurrir en un argumento falaz, dado que las pruebas no bastarían para aceptar la conclusión. Es importante tener en cuenta que en ningún campo existe un acuerdo total, así que es aceptable cierto grado de controversia. También es importante tener en cuenta que incluso en un campo en el que impera la discrepancia puede haber áreas en las que el acuerdo sea considerable. En tales casos podría ser legítimo el argumento de autoridad.
4. La persona en cuestión no muestra un sesgo significativo.
Si un experto tiene un sesgo parcial significativo, entonces las afirmaciones que formule dentro del ámbito en el que no es imparcial serán menos fiables. Dado que un experto parcial no es fiable, un argumento de autoridad basado en ese tipo de experto será falaz. Esto se debe a que las pruebas no justifican la aceptación de la afirmación.
Los aspectos, en tanto personas, son vulnerables a las tendencias y prejuicios. Si existen pruebas de que una persona es parcial de manera que afecte a la fiabilidad de sus afirmaciones, entonces es probable que un argumento de autoridad basado en esa persona resulte falaz. Aun si la afirmación resulta ser cierta, la parcialidad del experto debilita el argumento. Esto se debe a que habría motivos para creer que el experto no esté formulando su afirmación únicamente por haberla examinado atentamente mediante su experiencia. Antes bien, habría motivos para creer que el experto formula dicha afirmación movido por su parcialidad y prejuicios.
Es importante recordar que ninguna persona es completamente objetiva. Como mínimo, una persona será favorable a sus propias opiniones (si no, seguramente no las defendería). Por eso, debe aceptarse cierto grado de parcialidad, siempre que este no sea significativo. Cuánta parcialidad es “significativa” es objeto de disputa, y puede variar mucho de un caso a otro. Por ejemplo, muchas personas sospecharían de que los médicos a quienes hayan pagado las empresas tabaqueras para investigar sobre los efectos del consumo de tabaco serán parciales, mientras que otros creerán (o afirmarán) que son capaces de mantener su objetividad.
5. El área de experiencia es un tema o disciplina legítimo.
Es posible que ciertas áreas en las que una persona afirme ser experta carezcan de legitimidad o validez como ámbitos de conocimiento o estudio. Evidentemente, las afirmaciones formuladas dentro de dichos ámbitos no serán muy fiables.
A veces resulta difícil determinar qué constituye un área de experiencia legítima. Sin embargo, hay casos bastante claros. Por ejemplo, si una persona afirmase ser expertos en algo que denominase “cromobalaterapia”, y proclamase que se puede curar el cáncer disparando a una persona con balas pintadas de color, no sería muy razonable aceptar su afirmación de acuerdo con su calidad de “experto”. Después de todo, su área de experiencia carece de contenido legítimo. La idea general es que, para ser un experto legítimo, una persona debe dominar un ámbito o área de verdadero conocimiento.
Como se ha dicho antes, a veces puede ser difícil determinar la legitimidad de un área de conocimiento. A lo largo de la historia, varios científicos tuvieron que enfrentarse con la Iglesia y con las tradiciones establecidas para establecer la validez de sus disciplinas. Por ejemplo, los expertos en evolución lucharon una desigual batalla para conseguir que se aceptase la legitimidad de su ciencia.
Un ejemplo moderno es el de los fenómenos paranormales. Algunas personas afirman ser “ocultistas” y dicen que son verdaderos expertos en ese campo. Otros responden que esas afirmaciones de ser “maestros en parapsicología” son simplemente absurdos porque en esa área de conocimiento no hay verdadero contenido. Si estas últimas personas están en lo cierto, entonces cualquiera que acepte como ciertas las afirmaciones de esos “ocultistas” será víctima de un falso argumento de autoridad.
6. Debe identificarse a la autoridad en cuestión.
Una variación habitual del falso argumento de autoridad típico es el del recurso a una autoridad no identificada.
Esta falacia se comete cuando una persona proclama que una afirmación es cierta porque un experto o autoridad la ha formulado, pero sin identificar a ese experto. Puesto que no se nombra ni identifica al experto, no hay forma de saber si la persona es realmente un experto. A menos que se identifique a la persona y su cualidad de experto, no hay motivos para admitir la afirmación.
No es raro ver este tipo de razonamiento. Normalmente, la persona que utiliza este argumento dirá cosas como “Tengo un libro que dice” o “Dicen…” o “Los expertos dicen” o “Los científicos creen que…” o “He leído en el periódico” o “He visto en la tele…” o alguna frase similar. En tales casos, es habitual que la persona confíe en que el oyente u oyentes acepten a la fuente no identificada como autoridad legítima, y crean la afirmación formulada. Si una persona acepta la afirmación simplemente por aceptar a la fuente no identificada como experto (sin un motivo sólido para ello), ha caído víctima de esta falacia.
Como se ha indicado anteriormente, no todos los argumentos de autoridad son falaces. Esto es muy positivo, porque es preciso fiarse de los expertos, ya que ninguna persona puede ser experta en todo, y nadie tiene tiempo ni aptitud para investigar por sí mismo todas y cada una de las afirmaciones que se le presenten.
En muchos casos, los argumentos de autoridad serán válidos. Por ejemplo, si una persona va a un médico cualificado y éste le dice que tiene un resfriado, el paciente tiene buenos motivos para aceptar la conclusión del doctor. Otro ejemplo: si el ordenador de una persona está funcionando incorrectamente y su amigo informático le dice que seguramente es su disco duro, tiene motivos para creerle.
Lo que distingue a un argumento de autoridad falaz de uno válido es que este último cumple las seis condiciones descritas más arriba. En un argumento de autoridad válido, hay motivos para creer la afirmación porque el experto dice que es cierta. Esto se debe a que si una persona es un experto legítimo, las afirmaciones que formule dentro de su área de experiencia tienen más probabilidad de ser ciertas que falsas. En cierto sentido, se está admitiendo la afirmación porque resulta razonable creer que el experto ha puesto a prueba la afirmación y le ha parecido fiable. Así que, si el experto la considera fiable, entonces resulta razonable aceptarla como cierta. Por ello, el oyente está aceptando una afirmación basándose en el testimonio del experto.
Debe tenerse en cuenta que ni siquiera un argumento de autoridad válido es un argumento de gran peso. Al fin y al cabo, en esos casos se está admitiendo una afirmación como verdadera simplemente porque una persona está afirmando que es cierta. Es posible que la persona sea experta, pero esa cualidad de experto no afecta realmente a la veracidad de la afirmación, puesto que su experiencia no determina realmente si la afirmación es cierta o falsa. Por ello, los argumentos que abordan directamente las pruebas relacionadas con la afirmación en sí tendrán normalmente más peso.
Ejemplos de argumentos de autoridad
1. Paco y Carmen están discutiendo sobre la moralidad del aborto
Paco: Creo que el aborto es moralmente aceptable. Después de todo, una mujer debe tener derecho a decidir sobre su propio cuerpo.
Carmen: Estoy totalmente en desacuerdo. El Dr. Johan Skarn dice que el aborto siempre es moralmente incorrecto, independientemente de la situación. Y tiene que estar en lo cierto, porque es un experto respetado en su campo.
Paco: Nunca he oído hablar del Dr. Skarn. ¿Quién es?
Carmen: Pues el que ganó el Premio Nobel de física por su trabajo sobre la fusión fría.
Paco: Ah, ya veo. ¿Y es también experto en moralidad o ética?
Carmen: No lo sé, pero es un experto mundialmente famoso, así que le creo.
2. Pedro y Manuel están discutiendo sobre la época en que Stalin gobernó la Unión Soviética. Pedro defiende que Stalin fue un gran líder, cosa con la que discrepa Manuel.
Manuel: No entiendo cómo puedes considerar que Stalin fue un gran líder. Mató a millones de sus compatriotas, hundió la economía de la Unión Soviética, mantuvo a la mayoría de su pueblo sometida por el miedo y sentó las bases de la violencia que ahora se da en Europa oriental.
Pedro: Bueno, eso es lo que dices tú. Pues yo tengo en casa un libro que dice que Stalin actuó movido por el interés de su pueblo. Los millones de personas que murieron eran enemigos declarados del Estado y fue preciso matarlos para proteger al resto de ciudadanos que querían vivir en paz. En el libro lo explican todo, así que tiene que ser cierto.
3. Anuncio en televisión
“Hola. No soy medico, pero hago de médico en la serie ‘Hospital Central’. Les aseguro que si necesita un analgésico eficaz, seguro y de acción rápida, no hay nada mejor que MorfiDope 2000. Esa es mi fundada opinión médica.”
4. Lola y Pilar están conversando
Lola: Hoy he comprado un billete de lotería y sé que voy a ganar un premio.
Pilar: ¿Y cómo? ¿Trucando los resultados?
Lola: No, boba. Llamando al vidente de una línea 906. Después de consultar en su tarot babilónico, me ha dicho mis números de la suerte.
Pilar: ¿Y le has creído?
Lola: Pues claro. Tiene un título en artes mediumníticas. Por eso creo lo que dice. A ver, ¿cómo si no iba a saber cuáles son mis números de la suerte?