Análisis (o algo que intenta precerse mínimamente a un comentario digno,

) de Psycho de Bernard Herrmann, a quien pueda interesar. Espero que os guste y os resulte interesante.
Edición comentada: Regrabación llevada a cabo por la Royal Scottish National Orchestra en 1997, bajo la batuta del compositor y orquestador Joel McNeely, trabajo encargado por el sello Varese Sarabande, que obviamente, se encargaría también de su edición.
No se trata Psicosis de una partitura de marcado carácter sinfónico, profusa en colorido orquestal, o que haga gala de una instrumentación diversa, ni siquiera podemos decir de ella, desde el punto de vista del oyente en escucha aislada, que sea una partitura "bonita", "cómoda" o agradable de escuchar.
No obstante, quizá la clave para empezar a admirar y comprender el genio de esta obra, tenga su germen en su misma génesis.
Se trata de una partitura resuelta únicamente mediante instrumentos de cuerda (exactamente 14 primeros violines, 12 segundos violines, diez violas, ocho violonchelos y seis contrabajos), parca en melodías y en motivos claramente desarrollados, pero extraordinariamente ligada a la película, hasta el punto de llevar el peso de la acción o avanzar los acontecimientos. Es decir: los mismos motivos que llevan a los aficionados a decantarse por otras partituras de Bernard Herrmann (a priori, más "independientes" y disfrutables en disco) y que convierten la banda sonora, a su vez, en una de las mayores lecciones sobre música de cine de todos los tiempos.
Para expresar la grave enfermedad mental de la que es presa Norman Bates, nuestro hombre compuso para la ya mítica secuencia de créditos iniciales a cargo de Saul Bass un contundente y obsesivo allegro ("Prelude") sobre la base de un ostinato tan dinámico como resultan ser los propios créditos (¡ALERTA PERMANENTE!

) y que Herrmann no volverá a utilizar, significativamente, hasta el momento en que Marion Crane (Janet Leigh) huye por la carretera tras haber robado 40.000 dólares del banco donde trabaja.
A este respecto transcribo una anécdota:
Cuando Brian de Palma contrató a Herrmann para su película "Sisters" y el músico asistió a un pre-montaje, inmediatamente comprendió que estaba ante un caso similar: tanto en "Psycho" como en "Sisters" no sucede nada terrorífico durante los primeros 30 minutos, por lo que Herrmann decidió escribir para ambas películas un breve pero amenazador tema que confirmara al espectador, de alguna manera, que "algo malo iba a suceder".
De Palma corrigió al músico diciéndole que en "Psycho" realmente no sucede ningún asesinato hasta los 40 minutos y le dejó claro que prefería dejar sin música los créditos iniciales. Con su habitual manera de decir las cosas, Herrmann le espetó: "¡Usted no es Hitchcock! ¡Hitchcock puede filmar los principios de sus películas todo lo lento que se le ocurra! ¿Y sabe por qué? ¡Porque él es Hitchcock y el público va a esperar! Sabe que algo terrible va a ocurrir y va a esperar hasta que así sea. La película de usted, en cambio, la van a ver diez minutos y después se van a ir a ver la televisión a sus casas".
Esto es:
El público de Hitchcock podía esperar media hora o más, pero lo cierto es que el tema de los créditos ya advierte seriamente de lo terrible que será la película y esa sensación aumenta cuando la pieza se repite, minutos después, para impregnar de HORROR el camino que ha emprendido Marion ("Flight" y "Patrol Car"), con especial énfasis a cuando la lluvia sobre el parabrisas de su coche y sus pensamientos en off cobran una nueva dimensión ("The Rainstorm") antes de arribar azarosamente al motel de Norman Bates (Anthony Perkins).
Lo que sin música sería una conducción intranquila y algo tormentosa, en manos de Herrmann se convierte en una "preview" del terrorífico destino que le depara, especialmente cuando la música escuchada con anterioridad se limita a describir vagamente el mundo "en blanco y negro" de Marion (el compositor diría después que recurrió solamente a instrumentos de cuerda para complementar la fotografía del filme con una partitura "en blanco y negro"). Más proclive al uso de "motivos" que de "temas" propiamente dichos, Herrmann introduce tres breves motivos en el allegro e incrusta, en los violines más agudos, una melodía que no repetirá más que en dicha pieza, desarrollando luego pasajes descriptivos más relajados ("The City", "Marion" y "Marion and Sam") que se oponen radicalmente al énfasis del preludio.
La ruptura del tormentoso compositor con los convencionalismos Hollywoodienses, queda patente en la casi completa ausencia de leifmotifs clásicos: Amén de resistirse a desarrollar un Love Theme al uso para describir la relación entre Marion y Sam, tenemos las apenas tres notas graves (no puede nunca llegar a considerarse un tema per se), asociadas con la evolución de la psicopatía de Norman (por ejemplo los comienzos de “The Madhouse” y “The Swamp” que cierran la película reincidiendo en su locura (“Finale”), cuando el rostro de Norman se solapa con la calavera de su madre y reaparece la ciénaga donde habían sonado las notas previamente).
Herrmann en cambio, se decanta por lo emocional creando una suerte de hilo conductor subterráneo a la trama de la película.
Sucede por ejemplo cuando Marion siente la tentación de robar el dinero ("The Temptation") y el motivo escuchado insiste poco después en las consecuencias del hurto ("The Package" y "Hotel Room"). Pero también ocurre al comienzo de la película, cuando Herrmann describe el paisaje de Phoenix (“The City”) y Hitchcock introduce al espectador en la vida de Marion por la ventana de su dormitorio: no por casualidad, el motivo reaparecerá en escenas donde persiste cierta intención voyeur a ojos del público ("The Window", "The Parlor", "The Bathroom" y “The Search”). Indirectamente, los agudos violines que subrayan el voyeurismo de Norman espiando a su inquilina a través de un agujero en la pared ("The Peephole") ya apuntan, de manera tenebrosa, su apoteósico uso durante el inminente asesinato en la ducha ("The Murder").
Inicialmente, Hitchcock no quería música alguna durante el asesinato en la ducha.
Incluso pensó en reducir el metraje de la película, filmada con un equipo televisivo y un presupuesto muy reducido, y convertirla en un episodio más de su programa "Alfred Hitchcock Presents". Mientras el cineasta se tomó unos días de vacaciones, Herrmann escribió música para esa escena sin que él lo supiera.
A su regreso, el orondo director tuvo que retractarse al escuchar lo compuesto por su colega: "Decisión inadecuada", reconoció. Ejecutada ferozmente por los registros más agudos de los primeros violines y los más bajos de las violas y los segundos violines, Herrmann escribió una de las piezas más intensas y de mayor influencia en la historia del cine, convirtiendo la escalofriante escena en un auténtico pozo de controversia. Mientras hay quienes comparan los histéricos violines con el sonido de las cuchilladas o los gritos de la víctima, otros creen encontrar en la música la clave para descubrir al asesino, asociando los chirriantes violines a la onomatopeya de los pájaros que diseca Norman... que cada uno escoja la interpretación que mejor le parezca.
No deja de resultar curioso que la escena dure 55 segundos, que 55 sean los planos que la componen y que el propio Herrmann intente acercarse a ese número propinando 48 cuchilladas musicales al espectador (a las que podrían añadirse, en efecto, aquellas que parecen continuar asestando las violas y los violines graves en la coda).
Si Hitchcock deja a la vista del público un sutil detalle vinculado al asesino, Herrmann hace tan evidentes sus intenciones que incluso cuesta asimilar la grandeza de su impacto, pues mientras las imágenes no muestran ni una sola incisión del cuchillo en el cuerpo de la víctima, son las sangrantes cuerdas del compositor las que toman conciencia de la fisicidad del crimen y apuñalan psicológicamente al espectador, desafiando su percepción durante 48 estocadas que podrán no verse, pero se sienten como tales gracias a la música.
Herrmann, como en tantas ocasiones, demostró los muchos trucos que puede esconder la música cinematográfica e hizo, prácticamente, de “Psycho” la obra maestra que cambió para siempre el cine americano.
Hala.
Quién pille la referencia a Harry Potter se gana un caramelito.
