
Batman Returns

...Bruce Wayne en la postura de
El Pensador de
Rodin (¿en qué estaría inmerso en sus pensamientos?, recluido en su soledad y aburrimiento) activándose para el que ya es su hobby en su vida, participar del aquelarre de la oscuridad, inmerso en ella y a la vez combatiéndola. Existencia gris.
En 10 días, tras postproducción, remontaje y recorte de metraje, ampliaré mis impresiones de este coloso
elfmaniano en un tocho que podía haber sido
tochísimo 
, y B/D se relamería de gusto

, pero, creedme, es mejor que no llegue a los 30.000 caracteres



con un estilo sobrio. Ahora tengo que dedicarme a mi sobrino y ayudarle en recabar información para que entregue una redacción sobre una escitora,
Concepción Arenal.
"Ni un momento de descanso" o
"Cuando el día tenga 36 horas", me gusta más éste, será el título de mi autobiografía.
A lo que iba, breve reseña de la por fin recibida
"Watership Down", no la partitura reciente de
Federico Jusid, sino la de 1978 de
Angela Morley (1924-2009), nacido
Wally Stott. Sí, transgénero, y de gran importancia en la trayectoria profesional del mismísimo
John Williams junto a otros coloraboradores como el orquestador
Herbert W. Spencer, que procedía de la Época de Oro de los Departamentos musicales de los Grandes estudios de Hollywood (id a IMDB y observad en la subcategoría "Music Department" que títulos comparten en común Morley y Williams aunque sea de forma anecdótica probablemente en algunos casos).
Aproximadamente desde 1977 hasta mediados de los 80 se puede hablar de una travesía oscura, la mar de interesante, de la animación norteamericana, cosechando poco éxito de público pero que agnó más que se agenció más que justificadamente su etiqueta de
"títulos de culto". Del entonado
Ralph Bakshi al incipiente
Don Bluth pasando por el
Disney más debilitado; de hecho, en esta época son sus películas con
Jodie Foster como anteriormente fueron las de
Kurt Russell o
Dean Jones las que le dieron pingües beneficios.
Estos títulos de acción fueron musicalizados según el prinicipio con el que
Goldsmith construyó su impecable e implacable
"The Secret of N.I.M.H"; tratar al film como cualquier otro a lo largo de su carrera. Existe una sincera empatía y belleza a la hora de de describir a los ratones o al cuervo pero los pasajes de misterio y los más trepidantes suponen un un órdago bestial como contrapunto para hacerles sufrir de lo lindo.
Compositores sabios y de lo más diestros, aparte de
Goldsmith, suministraron una enorme capa de complejidad y experimentación a la hora de afrontar sus primeras incursiones en el
subgénero animado. Bajo el patronazgo de
Bakshi llegaron
Lord of the Rings, partitura rocosa de
Leonard Rosenman, fiel a su estilo sin renunciar a una estudiada y básica concepción melódica, y
Fire and Ice, del todavía presente (nacido en 1923),
William Kraft, que sigue los mismos patrones que el anterior, escaso desarrollo melódico, prácticamente sólo para la heroína
Tygra, el justo y necesario; música ambiental nocturna y opresiva y temas de acción de elaboradísima factura y frenesí definitivamente opulentos.
Un atrevido y entusiasta
Elmer Bernstein transmite un verdadero jolgorio musical tanto en
Heavy Metal, técnica rotoscópica y erotismo animado como en
"Tygra, hielo y fuego", como en
The Black Cauldron; abarcca desde música heróica mitológica con un cariz moderno hasta disonancias marca de la casa ordas martenot mediante. Qué brutalidad. The Black Cauldron, pese a que tiene sus detractores, es de una riqueza inusitada hasta en las inusitadas. Un festín quizá no apto para todos los paladares que muestra a un autor en pleno apogeo creativo más allá de la discreta filmografía que se labraba por aquél entonces.
The Great Mouse Detective supone ya cierto relax en la fórmula en comparación con lan anteriores -es un film éste, por fin, para toda la familia y sin la oscuridad del de
Bernstein, y que pese a retener la facultad de imponer aspectos todavía sombríos, en él se impone un bello repertorio
british clásico como no puede ser de otra manera además de la aparición de algunos números musicales realmente inspirados. Con
James Horner se instauró otra vena musical más compleciente y no tan saturada de atonalidades, más accesible, y con
Alan Menken volvió el musical, con lo que el panorama dio un giro de 180º que recpercutió en una nueva era foreciente de la animación que dura hasta nuestros días.
A falta de escuchar más detenidamente la partitura para la simpática y muy bienvenida
Valhalla (1986), film danés que supuso el canto del cisne para
Ron Goodwin (1925-2003), que está más cerca de las tonadillas más alegres de
Tarón y
Basil sin renunciar a una epicidad domesticada -se trata de un film familiar que no tiene el poderío visual, lógicamente, de sus partenaires norteamericanos, además de "aprovechar" su experiencia adquirida en el género de aventuras, mitología nórdica aquí, y su labor en la comedia Disney en la década anterior- me voy a explayar definitivamente con el violento, para ser una película protagonizada por conejos, acostumbrados como estamos por la edulcoración dineyana, film musicalizado por
Morley.
Desgraciadamente parece ser que jamás se podrá disfrutar de la grabación completa del score ya que todo hace indicar que sólo susbsiste el contenido del LP, que es lo que el sello
Dutton Vocalion reeditó en 2017 con mejor sonido que nunca.
Es una partitura muy variada a pesar de sus 40 minutos de duración entre los que se incluye la inicial narración del actor británico
Michael Hordern- otro curtido shakespiriano, ¿eh, B/D?, aunque yo le tenga como referencia de narrador en V.O de
El secreto de la Pirámide- y una bella canción realmente inspiradora y esperanzadora para tan arduo y fatídico viaje interpretada ni más ni menos que por
Art Garfunkel,
"Bright Eyes" (tema 10, interludio y comienzo de la segunda mitad). Es un film único en su especie, de los que no recomendaría jamás enseñar a un niño pequeño por aquello de ser de animación.
En cuanto a la partitura en sí de
Angela Morley, es que no puede ser de concepción más clásica dentro de la estirpe anglófila, y si hubiera que consumar su vibrante, emotivo y dramático resultado tendría que evocar el nombre del mejor
John Williams de la época, particularmente de la
trilogía espacial original acontecida entre 1977 y 1983. Un álbum muy condensado pero que enciende la mecha al vestir su mejor vestuario. Se dice de
Bruce Broughton que es muy bueno haciendo el Williams, pues
Morley, compañera de fatigas de tantas veces del neoyorkino, revienta esta afirmación. Si la música de
Watership Down, o buena parte, apareciera en los capítulos 4, 5 o 6 de la saga galáctica la gente se la memorizaría sin gran esfuerzo a base repetir experiencias, pero... no lo es y resulta una entrañable desconocida. Aviso que el LP está completo en Youtube...o sea, el contenido de este CD.
El
tema 2 pertenece a ese precioso submundo bucólico donde las flautas crean un entorno inicial plácido y poco hay de heróico o amenazador en sí, poco galáctico todavía. El 3,
"Into the mist", ya es otra cosa, porque ¿qué se suele esconder en la niebla?¡GLUPS!;
"A New hope" vislumbrada y, hacedme un favor, id directamente a 1.00" y decidme si esa progresión rítmica a modo de incursión en terreno enemigo no os suena a universos estelares. Por poner más ejemplos: en el
tema 4 (39") aparecen esos patrones musicales culebreantes tan motivadores para el oyente por jugar con su imaginación y a partir de 1.06" aparece el que se consolida como virtuoso tema principal del relato, en este caso en una variante suave que se prolonga y adapta hasta la conclusión. El
tema 5 comienza con un tenebroso amanecer gótico que pronto se pone violento merced al suculento aporte del viento; así hasta la mitad del tema, a partir de la cual predomina una calma tensa (el nombre del tema es
"Fiver Vision", podemos suponer que la visión no es halagüeña precisamente...). El
tema 6 vuelve a iniciarse con el tema principal en su versión más tranquila -un tema que se puede equipar en construcción al mítico de
"A New hope" pero sin la solemnidad y la sombra del destino en la sombra- si bien a partir del primer minuto se vuelve sombrío y nos ofrece esos sonidos williamsianos misteriosos
"de ambiente explorativo" que recuerda al último tercio de
"Arrival on Dagobah" de
"Empire Strikes Back". El
tema 7, "The rat Fight" aparte de ser breve, no se parece a nada de lo anterior; es una especie de irrupción de los
Ewoks un tanto sorpresiva basada en un suave manejo percusivo pero obsesivo y disfuncional y primitivo/indígena cuya misión es precisamente la de abortar lo conocido hasta ahora mediante el efecto inesperado de una emboscada musical. Prosugue el
tema 8 con uno de los momentos más hermosos y lánguidos del repertorio que atañe a uno de los personajes.
El 9, "Climbing the down" refuerza la convicción de los pequeños protagonistas dotándoles de una de las variaciones más majestuosas y heróicas del relato; huele a mítico. Micro éxtasis en 48"
williamsiano como exclamación de
"sí se puede", tras la cual tiene lugar esos vivificadores
trinos musicales marca del galáctico compositor (1.07", 1.14") que dan paso a la plenitud y exaltación aventurera en su máxima extensión del tema principal, por momentos pletórico y bello. Llega el consabido interludio con la canción de
Garfunkel, tras el cual se desata la tormenta ya prácticamente hasta el final. El
tema 11 comienza con redobles de percusión militares a los que pronto se añade la sección de viento, una violencia latente en un "crescendo" de energía de lo más apetecible para el oyente (la que se va a montar aquí....) No termina de estallar la violencia del todo pero se queda a un palmo, la tensión se masca en el ambiente y resulta ser otro de los momentos más poderosos del álbum.
El siguiente tema,
"Kehaar's Theme" es una anomalía en el transcurrir de este segundo acto ya que imposta algo el devenir de la pura acción; tenemos un tema algo bobalicón que podría pasar por una especie de sesgo hacia territorios de
C3PO o
R2D2...si estuviesen beodos. Es el momento volátil del disco, un ballet con aires de
big-band music en el que se repite con constancia el motivo de este personaje. Lo más lógico es que si la edición fuera de la partitura íntegra este tema quedara relegado probablemente a la sección de extras sin contrarrestar la narrativa ya lanzada del relato (ahora mismo desconozco si está en orden cronológico, no lo recuerdo). Con todo, es un tema estupendísimo quintaesencia del género animado más desenfadado.
Los
temas 13, 14 y 15 conforman la traca final: en el 13 ya desde el principio se nos avisa de que esto se pone en serio y se empieza a prepara la artillería; mismamente en 1.39" vamos a tener una especie de homenaje de tributo a la batalla final de
"A New Hope" en forma de preludio de poderosa marcha
williamsiana percusiva. Tras una paulatina retirada de la batalla musical, emergerá como figura heróica "inesperada" el tema de
Kehaar con parsimonia, como preguntándose
"qué ha pasado aquí hasta que he aparecido yo". El tema 14,
"Hazel's Plan" vuelve a la carga con renovadas energías, breve aparición del tema principal (
"Luke, usa la fuerza"), devaneos de incertidumbre musical y vuelta final a la marcha mostrada en el anterior tema (segundo asalto); al final del tema, la resolución da la impresión de quedar todo en el aire, sin decantarse la victoria. El tema 15 es el paradigma del enfrentamiento final con el representante del mal, música airada y revolucionada, furiosa, de ésas en las que el malvado de turno toma ventaja hasta que surge cual destello de luz el tema principal, más reforzado que nunca sacando fuerzas de flaqueza entre tanta hostilidad.
Finalmente, el
tema 16, los habituales
End Titles, subraya la evocadora epopeya de la victoria del bando aliado, y pese a que en un primer momento parece que Morley nos va a presentar un paralismo -salvando las distancias, aquí se presenta todo más pastoral- con el
Throne Room con que termina el primer "TBO" de los
Skywalker, lo cierto es que en su segunda mitad, sin abandonar terrenos
williamsianos, tiende más al romanticismo de
Furia de Titanes (1981), partitura de otro veteranísimo (y menospreciado) compositor que aún vive,
Laurence Rosenthal (nacido en 1926), y también buen amigo de
Williams (fuel él quien propuso al director de
La Aventura del Poseidón para que musicalizara en su lugar otro film de desastres posterior,
Meteoro, con
Sean Connery, Natalie Wood y el protagonismo del
"blaster beam" en el laboratorio musical).
Resumiendo,
"Watership Down" es un trabajo estupendo de esta compositora tan desconocida nominada
dos veces al Oscar y que trabajó extensamente en TV en los 80. Como orquestadora que era, su hacer es absolutamente irreprochable ajustándose milimétricamente a ese neoclasicismo que de la mano de
John Williams volvía a ponerse de moda otra vez. Lamentablemente, el hecho de no disponer de la partitura íntegra hace que se suspire por una edición íntegra más cohesionada.
Por cierto,
Branagh/Doyle, ese avatar y esa dedicatoria.... mejor imposible, por merecida. Espero que vaya todo bien por casa.