Re: Clásicos del terror
Pues sí que hubo generosidad al término. Montamos una barbacoa final y nos dieron las tres de la madrugada cenando. Éramos una cincuentena y teníamos previsto pasar en pantallón un filme de los de Carlos y Paul, pero al final no pudo ser. Es más, Paul llegó a decir: "Teniendo en cuenta el lamentable estado de algunos, es preferible dejarlo para mejor ocasión". Hubo anécdotas de todo tipo. La más desgradable al rodar en los exteriores de la prisión de Botafuego. Se supone que Paul sale de la cárcel bajando la carretera de acceso. Se armó la de Dios con una pareja de la guardia civil que montó un pollo de cuidado. Lo peor es que uno de ellos apestaba a alcohol a la legua e incluso echó manos a la pistola. Tuve que recurrir al subcomisario, primo mío, para que terciara y explicara lo que ocurría. Hay que tener en cuenta que llevábamos uniformes oficiales. Pero lo más gracioso fue en la secuencia cercana a una venta de carretera, donde dos borrachos se pelean arrojándose vino a la cara, y sale otro a separarlos. Se trataba de un flashback, unas imágenes que recuerdan a Paul que él también era así. Pues bien, pensábamos que el local estaba cerrado, y cuando comenzaron a berrear, salió el dueño acojonado vivo. Pensaba que se mataban en las puertas de su local. Por más que le decíamos que tenía razón, el hombre dale que te pego, que si esto no se hace y bla, bla, bla. Al final, invitación para todos en la venta, con buena propina... y tan amigos oiga. Como dicen mis amigos catalanes: "La pela es la pela...".