A ver, todo depende, según el caso, pero las más veces, sobre todo si no tienes más medios, ni conocimientos de acústica, si la sala no es dedicada, desde luego habría que calibrar pues la mejora es notable. Qué ganas y pierdes en cada caso:
Si tu sala es dedicada, si puedes acondicionarla como se debe, total libertad para situar cajas y punto de escucha, con esto no consigues una respuesta plana entre caja y salas, pero partes de la menos mala de las posiciones, y con esa libertad de posicionamiento, midiendo correctamente, también equilibras la respuesta temporal entre todos los canales (fase acústica), y consigues tener toda la entrega de energía que tu AVR y/o etapas permitan.
Si la sala es de uso compartido, si no puedes acondicionarla como se debe, si las cajas y punto de escucha están donde están sin posibilidad de moverlos, incluso si no hay simetría por cuestión de espacios, con la calibración consigues corregir tanto la respuesta en frecuencia como temporal, y la diferencia sonora es más que notable. Por el contrario, la presión sonora se ajusta a un estándar con un nivel de referencia en punto de escucha, con lo que desaprovechas parte de la entrega de energía que puedan dar tu AVR y/o etapas (cualquiera te dirá que después de calibrar, es necesario subir más el potenciómetro, para tener la misma presión sonora en punto de escucha, bastante más. Por ejemplo el estándar THX te calibra para tener en punto de escucha una presión en cada canal de 80 dBA, de modo que dale al potenciómetro si quieres presión, mucho más que sin calibrar).
Ahora, qué hacer, calibrar automáticamente o no? Pues ya tienes los pros, contras y las situaciones donde se le saca más partido a cada una de ellas, tú mismo!
Saludos.