Re: Drácula, la serie
De verdad que yo no entiendo bien esa manía de mostrar al Conde como un tipo raro y perseguido o un enfermo de amor. No hay nada en el libro que permita semejante retrato. Drácula, tal y como te lo presentan allí, es esencialmente un tirano, un villano, una encarnación del mal. En ningún momento despierta tu atracción o tu simpatía, y aunque puedas llegar a admirarlo en algunos momentos, jamás llegas a quererlo, como te pasa, por ejemplo, con el Fantasma de la Ópera o en Monstruo de Frankenstein. Tampoco te lo presentan exactamente como alguien atormentado, como un alma en suplicio. No, es la pulsión del poder en su vertiente más negativa. Y yo creo que el que Drácula represente el poder, incluso más allá de la muerte, es lo que ha fascinado a algunas personas y les ha llevado a meter connotaciones románticas al personaje del archivampiro. Éso, o la larga asociación del amor con la muerte. Pero Drácula tiene más que ver con esos horribles esqueletos y cadáveres momificados de los monumentos funerarios del Barroco o las danzas de la muerte medievales que con el sereno genio o ángel de la muerte del Neoclasicismo, o el modo en que durante el Romanticismo se suele representar la muerte de los héroes y heroínas de las historias. El triunfo de Drácula no es el triunfo del amor, es el triunfo del mal, de la muerte, del pecado. Y Drácula no es un villano marginal al estilo de los "byronic types", un personaje oscuro pero fascinante. No, es un viejo decadente y siniestro que rejuvenece si toma sangre, pero que no se vuelve más atractivo, una especie de parásito, de enfermedad con connotaciones pecaminosas muy al estilo de la Inglaterra victoriana que lo alumbró. En este sentido, y aunque no tiene muchos admiradores, el Drácula de la BBC de 2006, me parece una revisión bastante interesante de la historia. No sigue el libro, y aunque Drácula no es -exactamente- un viejo siniestro, tampoco es exactamente un sex-symbol. Pone en primer plano una serie de temas que estaban subyacentes en el libro: el imperialismo victoriano y el antropocentrismo anglosajón, el miedo a la sexualidad femenina, el temor a las enfermedades venéreas, el interés por el esoterismo y las sociedades secretas...