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Es una opinión. Otros opinan que era un ser infame. Por su vocación de adulador primero con Franco, luego con Stalin y por último con Polanco. Y por artículos tan repugnantes como éste:Jean-Luc Picard dijo:Tecglen no era contradictorio. Era una persona normal y corriente.
Artículo de Eduardo Haro Tecglen publicado el 20 de noviembre de 1944 en el diario Informaciones.
La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronada por el águila del Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.
Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad –lacrima coeli- una llovizna fina y gris.
El subconsciente nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de Falange.
Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y esperanzador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo.
Y así, en este día de dolor –Dies Irae- a las once –once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de duelo- la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica y, entre la doble fila de seminaristas –cirios encendidos en sus manos- ha pasado el Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero.
Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse allí donde el mármol vela su cuerpo. Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó.
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