En el libro Fútbol y Franquismo, de Duncan Shaw, se ofrecen otras imágenes de cómo el fútbol le sirvió al Generalísimo para sus fines políticos. El Real Madrid, con Santiago Bernabéu a la cabeza, se convertiría en el mejor medio propagandístico del franquismo. Lo usó como droga social para mantener a la gente despolitizada, o, por lo menos, lejos de otras políticas contrarias a la oficial.
Franco, mediante el Real, mostró en el exterior una cara distinta a la interna. Cada primero de mayo, por ejemplo, se realizaban los juegos sindicales en los estadios, para mantener a los obreros alejados de cualquier manifestación política reivindicativa o de protesta. A los futbolistas, como a los obreros, se les prohibía pertenecer a sindicatos libres e independientes.
En los partidos de la Liga Española los jugadores se filaban antes de cada encuentro para gritar: “¡Arriba España, viva Franco!”.
A los catalanes sólo se les permitía hablar y cantar en su idioma en el estadio. En 1974, en las postrimerías de la dictadura franquista, Barcelona derrotó, en Madrid, 5-0 al Real.
Los catalanes, volcados en las calles, celebraron cantando su himno prohibido y agitando más que las banderas rojiazules del Barça, la de Cataluña, roja y amarilla.