Reconfirmación , además del talento visual de
Wright, de su preferencia por cierta temática relativa a la situación de la mujer en la sociedad (o el cine) actual. Y es en la evolución que ha tenido esa premisa, quitando
El Solista como la más incoherente con ella ( y por ende su mayor fracaso), en donde quizás se encuentre el mayor interés de esta película.
De la protagonista clásica de
Orgullo Y Prejuicio (la cual tampoco era nada dotada con la música), a la que
Keira Knightley prestaba cierta cualidad femenina bajo una rebeldía soñadora, a la
Hanna de la época actual de una
Saoirse Ronan de aspecto menos delicado, casi andrógino, pasando por aquella
Briony que observaba desde la distancia, entre celosa y fascinada, la intimidad de una pareja sabiéndose extranjera a tales conceptos, las heroínas del director han sufrido una mutación que las ha ido alejando de cierta posición natural, descontextualizando unos personajes ya de por si marginados en su mundo.
Educada bajo patrones masculinos, la protagonista de esta película emprende un viaje de autodescubrimiento hacia una identidad sexual deformada, lanzada al centro de un
fairy tale decadente en busca de esa figura femenina tradicional. Como su personaje en
Expiación, la fuga que busca suplir carencias emocionales se produce hacia las posibilidades del imaginario literario.
Y mientras espera definirse en el reflejo de esa madre que nunca conoció, el que quizás sea único referente real que tiene en este sentido es a la vez aquella de la que debe huir, una suerte de madrastra (ayudada por un asesino oxigenado que irónicamente tiene subido al escenario de su local al arquetipo que deben encontrar), que entre las ruinas del cuento, acaba cenicientamente derrotada por sus zapatos, último símbolo identificativo de su sexo, y que en una secuencia anterior se revelaban incómodos para ejercer su papel en mundo de hombres.
Tiene un tramo central post-huida en el desierto y per-berlin bastante reposado donde destaca una escena de dialogo entre dos amigas (después de que ella rechace mantener relaciones sexuales ), que sirve a
Wright para negar el contraplano lógico, filmando a ambas actrices con el mismo ángulo de cámara, confundiendo y cuestionando así el rol que tendría cada una en esa improbable pareja, y la huida por el muelle entre contenedores. No obstante, es en las secuencias de acción donde el director británico tiene vía libre para inyectar energía al film a base de su incuestionable talento para la planificación visual, lo que contribuye a elevar está película por encima de la media de su género.
