Re: Huracán KATRINA
Noticia de portada del New Heral Miami (en español)
Desastre Nacional
D. OVALLE, E. BOLSTAD y M. MERZER / The Miami Herald
NUEVA ORLEANS
El segundo día trajo nuevos horrores: se contaban más de 100 muertos en un solo condado. Los rescatistas, realizando verdaderas acrobacias, izaban personas de los techos de las casas. Algunos diques habían cedido, creando un verdadero pánico.
Nuevas y espantosas inundaciones arrasaban el centro de Nueva Orleans. Y, aunque 80 por ciento de la ciudad estaba inundada, las roturas de las tuberías del gas provocaban muchos incendios. Los paramédicos habían transformado parte del Superdome el martes en un centro asistencial pero el agua estaba llegando a los bordes mismos de la Arena. Había saqueadores por todas partes. Se había declarado la ley marcial y la gobernadora estaba trabajando en planes para cerrar Nueva Orleans --un lugar muy cercano a la ruina-- y desalojar a todas las personas que quedaran allí.
''Hemos perdido nuestra ciudad'', declaró Mark Morial, un antiguo alcalde de Nueva Orleans. ``Me temo que vaya a ser una Pompeya''.
SMILEY N. POOL / Associated Press
El terrible panorama de devastación se extendía a lo largo y ancho de cuatro estados con costa al Golfo. Un ejército de refugiados buscaba desesperadamente agua, albergue, alimentos y, para poder huir, gasolina.
''No hay a donde ir'', señaló Robert Smith, un chofer de camión que había huido de Nueva Orleans con su familia de seis, y había terminado atrapado en la Interestatal 10 cerca de Gulfport, Mississippi. ``No hay donde comer, conseguir gasolina o quedarse''.
La carretera estaba rodeada de agua, y su nivel estaba creciendo. Más cerca de Nueva Orleans, sobre el lago Pontchartrain, la carretera estaba totalmente destrozada.
Más de 100 personas habían muerto en las zonas de Biloxi y Gulfport de Mississippi, según un funcionario del condado de Harrison, muertos por el peor ciclón que se recuerde en Estados Unidos. Se reportaban otras muertes en Luisiana, Alabama y, a fines de la semana pasada, en el sur de la Florida. Nadie dudaba de que la cifra iba a crecer.
En Biloxi, autoridades y voluntarios sacaban cuerpos de pilas de escombros de 12 pies de alto. Carros fúnebres y simples camiones pasaban por la Avenida Howard transportando cadáveres. En cinco cuadras, se habían recuperado cinco cuerpos en unas pocas horas.
''Nunca ha visto nada como esto en mi vida'', comentó David McCaleb, un residente.
En Biloxi, Nueva Orleans y toda la vasta zona de desastre, la Guardia Costera, la Guardia Nacional y otros equipos salvaban innumerables víctimas, a veces en embarcaciones, frecuentemente por aire.
Los rescatistas flotaban, se balanceaban en el aire, abrazaban a los desesperados y los izaban a lugar seguro.
El espectáculo era dramático y desgarrador.
''Ser izado y tener una vista a vuelo de pájaro del barrio en que me críe fue terrible'', dijo Gene Daymuude, un marchant de arte local que había sido cargado en una canasta de alambre e izado a un helicóptero. Por lo menos, 1,500 personas habían sido recatadas de techos y aticos sólo en Nueva Orleans, y muchas más necesitaba ayuda inmediata. Para algunos, sin embargo, iba a llegar demasiado tarde.
''Sabemos que se han perdido muchas vidas'', dijo la gobernadora de Luisiana Kathleen Blanco.
En California, ayudantes dijeron que el presidente Bush iba a regresar a Washington para monitorear la asistencia. ''Tenemos mucho trabajo por delante'', dijo Bush.
Y la carga de trabajo seguía creciendo.Los estimados regionales de daños iban por los $26,000 millones, y más.
En Nueva Orleans, dos diques habían fallado. Uno de ellos con una ruptura del tamaño de un campo de football.
El agua súbitamente ascendió en el Barrio Francés y otras áreas de la ciudad de 485,000 habitantes, un lugar ubicado como una cazuela entre el Lago Pontchartrain y el río Mississippi.
''¡Se rompió el dique!'' gritó una muujer frente al Johnny White's Bar en Bourbon Street.
Trabajadores dejaban caer sacos de arena en la brecha pero el agua seguía saliendo arrolladoramente.
''Parece que ahora la cazuela está empezando a llenarse. Lentamente'', dijo Walter Maestri, administrador de manejo de emergencias del condado de Jefferson Parish, justo al oeste de Nueva Orleans.
El alcalde C. Ray Nagin le dijo a los trabajadores de la ciudad que trataran de salvarse. El personal del periódico Times-Picayune evacuó su edificio rápidamente. La Calle Canal se convirtió en un canal.
Sin embargo, las áreas del Gulfport y Biloxi del sur de Mississippi fueron las que recibieron el mayor impacto del huracán. Los vientos de 145-mph y la enorme marejada destrozaron casinos multimillonarios, enterraron la carretera de la playa de Biloxi y aplanaron ciudades completas.
''Esto'', dijo el alcalde de Biloxi A.J. Holloway, '' es nuestro tsunami''.
Varias personas dijeron haberse salvado subiéndose a árboles. Huong Tran, de 50 años, y su novio estaban entre ellos. Pasaron seis horas subidos en un roble viendo subir el agua.
''Pensé que iba a morir'', dijo Tran. ``El agua cubrió la casa''.
Le rezó a una diosa budista.
``La llamé y le dije: `Ayúdame, ayúdame. Creo que voy a morir'''.
Muchos murieron en Point Cadet, en el extremo sureste de la península de Biloxi, dijeron fuuncionarios. Tarde en la noche se estaban recuperando cadáveres, y se estaba trayendo una morgue portátil para ocuparse de los muertos.
Las autoridades temían que algunas víctimas hubieran podido ser arrastradas por el agua, y desaparecidas para siempre.
''Vamos a tratar de determinar un total de muertes'', dijo Rodney McGilvary, jefe de policía adjunto. ``Si llegamos a tener uno''.
En Nueva Orleans, los paramédicos convirtieron partes del Superdome -- el asfixiante refugio de 10,000 personas -- en un centro assitencial para docenas de heridos y enfermos, muuchos de ellos encontrados en techos y esquinas. Algunos fueron remitidos a hospitales en Baton Rouge.
HHabía más de dos pies de agua en las estrechas calles, llenas de desechos, del Barrio Francés. Aterrorizadoos por lo que habían oído en la radio, algunas personas coorrían por las calles gritando y advirtiendo a las demás.
''Váyanse de de la ciudad mientras puedan'', gritaba Ed Freytag, un trabajador de la ciduad en el complejo temporal del ayuntamiento en el Hyatt Regency.
La gente trataba de atravesar el agua rumbo a la única slaida del ciudad que no estaba inundada: el Cresent City Connector, que lleva hacia el oeste a lo largo de la U.S. 90 hacia Baton Rouge.
Los teléfonos celulares apenas funcionaban y las familias trataban de comunicarse angustiadas. Matthew Porche, un residente de Pembroke Pines entrevistado el sábado por el Herald, dejó una frenética llamda en el celular de un reportero el martes.
Los policías no podían comunicrse entre si. Iba adonde podían llegar en busca de saqueadores y gente en peligro.
Un guardia de seguridad en el Barrio Francés reportó haber oído disparos. No podía dormir temeroso de turbas cada vez más hambrientas y desesperadas.
'La situación es insostenible', dijo la gobernadora Blanco. ``Es desgarrador'''.
Los redactores del Miami Herald Audra D.S. Burch y Marc Caputo, Scott Dodd del the Charlotte Observer y Anita Lee y Don Hammack del Biloxi Sun Herald contribuyeron a este reportaje.