T. Kurosawa
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Me fascinan esas secuencias en que, sin exceso de alaracas, efectos y demás, se consigue transmitir la presencia de lo maligno en pantalla, ya provenga de humano, espíritu, diablo o monstruo. Algunos, los más majestuosos, lo consiguen incluso con imágenes de una belleza aterradora. Yo apunto algunas de mis escenas favoritas:
El sueño erótico de Mia Farrow en La semilla del diablo:
El primer sermón de Robert Mitchum en La noche del cazador:
La aparición de Lucy en el cementerio en el Dracula de Fisher:
El sueño erótico de Mia Farrow en La semilla del diablo:
Desde que comienza el sueño, con esas imágenes aparentemente inconexas en un yate de lujo, la sensación es realmente incómoda, siguiendo por la desnudez y vulnerabilidad de Rosemary; todo desemboca con un sugerente y lujurioso polvo infernal observado por los vecinos y sus amigos. Esta escena me es especialmente desagradable, ya que me resulta tan atractivamente erótica como repulsiva.
El primer sermón de Robert Mitchum en La noche del cazador:
La propia presencia física de Mitchum ya desprende lujuria, animalidad y maldad por los cuatro costados, una maldad atractiva y por lo tanto aún más peligrosa; su primer sermón está lanzado con elocuencia e histrionismo, aparentemente "pletórico de fe" pero lleno de amenazas y violencia en su trasfondo, como si los guionistas y el propio actor hubieran estudiado a fondo el discurso del doble vínculo típico de los psicópatas y lo hubieran reproducido con alucinante talento.
La aparición de Lucy en el cementerio en el Dracula de Fisher:
mi escena favorita de la peli, y no implica a Christopher Lee (cuya maldad, aún siendo gloriosa en pantalla, es más evidente) Lucy aparece en el cementerio en el que su hermano y Van Helsing esperan agazapados. La escena es sobrecogedoramente hermosa: La joven luce un camisón virginal, y lleva a una niña consigo como si estuviera jugando con ella; el escenario es un delirio de tumbas góticas, niebla e iluminación colorista. Cuando se encuentra con su hermano, sonríe dulcemente mostrando sus dientes de vampiro e intenta seducirlo... Tan solo la fanática obstinación de Van Helsing puede resistirse a su hechizo.