A pesar de su mala fama yo creo en el cine español, en el cine europeo, el independiente y aquel que se realiza con el corazón y no con los millones de dólares de las multinacionales. No voy a negar aquí que Estados Unidos rueda buen cine. Mejor dicho buenas películas, porque el nivel de calidad no es homogéneo sino dispar. Algunos títulos son geniales y la mayoría rutinarios, carentes de alma, monótonos e impersonales. Tampoco diré que todo el cine europeo es genial, porque también hay cineastas torpes y superficiales. Pero es desgraciadamente cierto que no tienen las mismas oportunidades. Las multinacionales controlan los mercados e impiden que muchas películas europeas lleguen a las salas, europeas, asiáticas, latinoamericanas, australianas, neozelandesas y africanas. Mucho cine español no se estrena. A veces porque sus productores son unos pillos que sólo desean cobrar la subvención y se desentienden de la suerte de sus cintas. También porque la distribución a veces está en manos de malos profesionales, de gentes carentes de escrúpulos que contratan películas españolas para adquirir licencias de exportación del cine de Hollywood y después encierra las producciones nacionales en latas impidiendo que lleguen a las salas.
En nuestro país hay mucha gente deshonesta metida en el negocio del espectáculo y es necesario denunciarles, combatirles y tratarles como los seres ruines que son sin ningún titubeo. Pero en España hay mucha gente que sueña, que lucha y se desvive por crear películas personales y atractivas recibiendo exabruptos de una crítica comprada por el enemigo algunas veces o porque este sector está compuesto por seres que se creen superiores al resto de los mortales y desprecian a quienes consideran inferiores.
En la Gala de los Goya vimos muchas reivindicaciones. El discurso de Enrique González Macho fue ejemplar aunque le reprocharía ciertos matices. Mucho cine que se edita en DVD presentan ediciones lamentables y el público paga religiosamente por productos defectuosos. Está el asunto de la división en zonas que impiden que un bluray comprado en Amazon USA no se puedan ver en reproductores españoles y latinoamericanos. Que al poner en tu reproductor un disco lo primero que te aparece es una serie de amenazas contra la piratería que son recibidas por quienes compran copias legales. La pésima distribución que sólo favorece a las multinacionales sin que el Ministerio correspondiente tome cartas en el asunto.
Me gustó mucho la intervención de Candela Peña que ha pasado por una experiencia atroz al ver a su padre morir en un hospital español ante la indiferencia de los “profesionales” de la sanidad. No es la única en pasar por ese trance. Yo mismo la viví en el 2002 con un familiar muy cercano.
José Sacristán destiló elegancia en su intervención. Un actor que se inició en el cine rodando papeles de paleto y que se ha convertido en un hidalgo de ademanes caballerescos. Nunca le habían nominado para el Goya y encajó el infortunio con mucha clase y elegancia. Todo lo contrario de Concha Velasco cuya intervención para recoger el Goya de Honor me desagradó mucho.
Juan Antonio Bayona, Pablo Berger, Enrique Gato, los grandes triunfadores de la noche estuvieron todos ellos muy atinados.