He visto la peli de marras.
Muy floja. Lo siento mucho, pero Wolfgang Petersen, definitivamente, nos ha dejado. Ni como suele ser habitual, la fotografía se salva, convirtiendo la mayoría de escenas del comienzo en bonitas postales pastelonas, muy al estilo del cine de adolescentes y del cine dirigido por mujeres y de comedias románticas.
Lo único salvable son los 82 minutos reales que dura la peli. Tan sólo dedican 15 minutos a presentar a los personajes, y para como son, sobran, y al grano, ola gigante y un montón de escenas típicas.
Sobre los personajes tenemos a la adolescente irascible, a la madre con niño (madre también irascible a la que le negarían cualquier custodia de cualquier ser vivo, incluída una rana, y su niño con paletas oh yeah), el fanfarrón borrachín, el héroe, alguna vieja gloria rescatada para la ocasión, en este caso Richard Dreyfuss, que es lo único bueno, menos mal. Sí, los de siempre. Es de esas películas en que son tan cargantes algunos personajes que estás deseando que mueran ahogados y si sobreviven al final te llevas una desilusión.
La escenita de "rápido que el agua viene", escenita de "viga que se cae", escenita de "explosión", escenita de "lo hago yo, no lo hago yo", escenita de "mi (lo que sea) ha muerto, vamos a llorar", escenita de "no puedo hacerlo, sí que puedes, hazlo por mí". Y ya está, con eso tenemos los 84 minutos de un cine olvidable y a otra cosa.
Algunos escenarios parecen hechos de cartón piedra. Supongo que lo estarán, claro, pero la cosa es que no lo parezca. Algún helicóptero que no intentan ocultar que está hecho por ordenador y casi 10 minutos de títulos de créditos finales para rellenar expediente.
Una mierda pinchá en un palo.