El remake de 2014 no lo he visto, así que no entro a criticar si lo que hace Padilha es afortunado o no. De todas formas, hay un botón para spoilers, por lo que se te agradecería que lo usases para comentar cosas relativas al final de la película.
Creo que no sobreinterpreto en absoluto. Toda esa glorificación del capitalismo y demás de que hablas...sería cierto si Verhoeven dotase a su película y personajes de una estética bonita, glamourosa, le diera a todo y todos un aspecto pulcro y eficiente, hiciera que te cayesen bien los gerifaltes de la OCP... Pero no hay nada de éso, sino una ironía tremenda en todo momento que te salta a la cara como un puñetazo. Ésos anuncios de productos imposibles (¿o no tanto?), ésos presentadores que dan las noticias más horribles sonriendo bobamente, ésos ejecutivos corruptos y sin escrúpulos, que se dan puñaladas traperas unos a otros por la espalda, que esnifan coca en los escotes de escorts, que te llegan a producir más rechazo que los detestables mafiosos a los que usan, sus métodos solapados y crueles. Tan odiosos son que te llegas a sorprender de que los buenos (si realmente son tan buenos) no vayan a por ellos... Y la estética de la película tiende, en todo momento, a lo sucio, lo pesado, lo torpe. El aspecto mismo de RoboCop, una máquina pesada y que da la impresión de gastar muchísima energía, lenta y torpe en sus movimientos, en cierto modo, ingeniosamente mal hecha. Lewis, con esa pinta de chicazo, Murphy, con esos aires de boy-scout. Las calles y la comisaría, sucias, atestadas de gente, sin privacidad, donde se vive mal, hay manifestaciones...Hay muy poco de exaltación en todo éso. Es verdad que al personaje de Murphy/RoboCop se lo retrata como a una víctima propiciatoria del sistema, el Jesucristo de la nueva religión capitalista, la tecnología, pero en mi opinión es una figura con bastantes sombras. Cuando aún es Murphy, es tan bueno y tan ingenuo que hasta hay momentos en que llega a parecer un pringao. Cuando ya es RoboCop apenas puedes llegar a comprender cómo llega a tolerar todo lo que le pasa. Y es que RoboCop no puede decidir por sí mismo. Obedece lo que se le ha marcado en su programación. Esto no tiene mucho de heroico, ya que un héroe, en las tragedias clásicas, era alguien que se enfrentaba a su destino, que se oponía a él. Sólo cuando empieza a recordar algo de su vida anterior, empieza a cambiar la situación, pero, de manera significativa, nunca vemos a Robo reunido de nuevo con la que fue su familia (hay una escena buenísima a éste respecto en R2). No es una persona, pero tampoco es ya una simple máquina: ésa es su trágica dualidad. También el RoboCop de Verhoeven era un monstruo, porque era un híbrido, porque, en cierto modo, era algo al margen de la sociedad, un marginado (un moderno Monstruo de Frankenstein, en suma). Y lo peor es que ha llegado a ser una herramienta de la OCP. La película de Verhoeven, ante todo, muestra cómo el capitalismo deshumaniza a la gente, tanto en el sentido literal como en el figurado.