Es una buena serie. Mejor de lo esperado, y de lo esperable; un objeto extraño (muy extraño) en la parrilla de Telecinco. Con una trama, un tono, un cuidado, y una intensidad, por encima de lo habitual en las series producidas en España durante los últimos años. Hasta el punto de parecer más una producción de HBO, Netflix, o Amazon, que de un canal en abierto perteneciente al espectro TDT.
"Ana Saura ha desaparecido". Y, a partir de esa premisa, se ha ido desplegando toda una maraña de connotaciones y caracteres verdaderamente interesante, consiguiendo ofrecer algunos de los personajes más ambiguos, contundentes y memorables de la ficción española, en una sucesión de situaciones intrigantes o asfixiantes desarrolladas en sólo dos semanas; dándole así visos de realidad plausible a lo que se narra, como si fuese casi en directo.
Llama la atención lo intrincado del guión, más allá de establecer una situación de partida, algún McGuffin sobrevolando, y darle cuerda. No, aquí hay una planificación desde el principio, sólo alterada por la extraña estrategia de Telecinco, reduciendo la segunda temporada a seis capítulos adicionales de la primera, antes siquiera de que ésta se estrenase. Como si, en el fondo, no supiesen lo que tenían entre manos.
Una serie de intriga que encarna el modelo de ficción televisiva que acabará teniendo un remake en USA, y que necesita menos cambios -o alteraciones- allí para que sea un éxito.
Lo mejor: la trama, el cuidado, el ritmo, los flashbacks al comienzo de los 10 primeros capítulos, personajes -tremendos- como el de Juan Elías, Alicia Castro, o el que Antonio Dechent conforma alrededor de Ricardo Heredia, el cual -quizá- pide a gritos un spin-off. La dirección de Pau Freixas, el planteamiento como objeto intrigante, la puesta en escena. El suspense creado en el aire, pero que reside en los hombros de sus personajes; porque ellos son los importantes, no el argumento. La ausencia de humor impostado. El clima. La carencia de concesiones al medio. La mayor parte de las interpretaciones. Ese ritmo capaz de desentrañar con escalpelo todo lo ocurrido durante esos días.
Lo peor: Eva Santolaria, siendo sólo capaz de proponer un personaje que siempre parece fuera de sitio, acartonada, perteneciente a otra serie muy diferente, y ajena a lo que tiene alrededor. Matices en la dirección de actores que han provocado que un par de ellos hayan asumido un determinado rictus ante determinadas tragedias personales, y no hayan ofrecido otra mueca distinta en sucesivos episodios a pesar de la evolución de la trama, y de su propia situación o contexto. Cierto tono parcial infiltrado en el tono general de un par de capítulos que a alguna parte del público le puede recordar a un tipo de telenovelas/series donde -irrealmente- todos se acuestan con todos en el breve lapso de un par de días. La falta de un mayor equilibrio entre diferentes episodios. Los excesivos adelantos sobre el siguiente capítulo, realizando una labor de auténtica deforestación en torno a cualquier incógnita.
La mejor serie española que he visto los últimos años.