Morricone, como veís, siempre tan sutil.
Por cierto, de la
butaca.net
Vive en un palacio en Roma, y, según ha comentado, en su vida cotidiana se levanta a las cinco de la mañana y, tras abrir todas las puertas de la casa, corre durante una hora por sus pasillos. Luego se ducha, sale a la calle a comprar el periódico y, a partir de las ocho, se encierra a trabajar en su estudio, lleno de papeles, libros de música, cintas, compact-disc o teléfonos, aunque no hay pianos, debido al peculiar modo de trabajo del italiano.
Su evolución musical la ha definido él mismo en alguna entrevista: "Yo empecé a trabajar con música de cámara y, después, con música sinfónica para orquesta y coros. Fue más tarde cuando me pasé al cine. Confieso que al principio lo hice por dinero, pero, con el tiempo, empezó a gustarme". Para componer, Morricone escribe directamente sobre la partitura.
"Ésos que transcriben lo que tocan en el piano no son músicos serios. Yo compongo sobre la partitura y de vez en cuando, después de escribir, voy al piano a comprobar algunas cosas. Pero este método lo utilizo muy pocas veces, porque la orquesta está en la cabeza". Además, para sus composiciones le gusta mucho utilizar el coro y las voces femeninas.
Morricone sabe que mucha gente sigue identificándolo con la música de los spaguetti-western. "Evidentemente que no reniego de esa música, pero la gente tiene que saber que también soy el autor de la música... de otras muchas películas de contenido social. Apenas he escrito 30 westerns sobre un total de más de 400 bandas sonoras de películas.
Su peculiar pesonalidad ha hecho que repudie a todos los que le han llamado genio. "A genio, como a santo, sólo se llega después de muerto, después de resistir todos los estudios, todos los análisis... Nunca me ha gustado que me llamen así.
Antes me enfadaba, porque creía que me tomaban el pelo. Ahora he llegado a la conclusión de que los que dicen esas cosas de mí son unos aduladores que ni siquiera conocen todo lo que he compuesto, lo que hago y lo que podría hacer". E incluso no tiene muy buenas palabras sobre los jóvenes talentos.
De sus cuatro hijos, sólo uno ha conseguido ser músico; a otro, que también pretendió serlo,
Morricone le puso un garaje para que lo dejara
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"Sólo ayudo a los grandes talentos, aunque sean la inmensa minoría. A la mayoría les digo que vuelvan a sus casas y que estudien otra cosa. Tengo docenas de cintas de presuntos músicos listas para borrar; generalmente, escucho dos minutos de ellas, ya que no hace falta mucho para comprender si hay algo más. Hasta ahora, no he hecho ningún descubrimiento, porque hoy en día, con los sintetizadores, puede tocar cualquiera. Además, ¿qué es el talento? No lo sé. Lo que sé es que para ser músico hacen falta estudio, disciplina y sacrificios infinitos 
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Dicen que mi hijo, de pequeño, aprovechaba mis ausencias para tocar el piano. ¿Es que eso significa que tenía talento? Tal vez, más que de talento, habría que hablar de pasión, que sin duda es algo fundamental para ser un buen músico. Pero eso nos remite de nuevo al esfuerzo y al estudio, porque no hay pasión que dure si no se abona con plena dedicación.
Pasión y trabajo sin límites, pues; y un poco de suerte