Mas allá del catastrofismo apocalíptico y de la utópica sostenibilidad.
A raíz del artículo publicado en diferentes sitios web, titulado una mirada critica al catastrofismo del cenit del petróleo. He querido conveniente escribir unos comentarios que ayuden a contemplar este tema desde una perspectiva más amplia. Existe un riesgo evidente de confundirse al contemplar los hechos aislados de su contexto y el cenit del petróleo, por importante que resulte por si mismo, carece de verdadera dimensión cuando se lo separa de su contexto.
En las sociedades de cazadores-recolectores, los grupos humanos estaban dimensionados para una vida en equilibrio con el medio y con el resto de grupos humanos circundantes. Dado que las dificultades, facilidades y recursos con que contaba cada individuo eran básicamente las mismas, perteneciera a uno u otro grupo, los conflictos y enfrentamientos que podían producirse eran más bien acontecimientos fronterizos sin especial repercusión. El grupo, el tamaño de la población y su capacidad de influencia sobre otros grupos humanos se encontraban limitada de manera natural a la capacidad de sustento y riqueza de recursos que proporcionaba el medio natural.
El descubrimiento de la agricultura tiene que ver mas con la capacidad de acumulación de riqueza que con la subsistencia alimentaría. La agricultura introdujo cambios radicales en la civilización humana que por primera vez comenzó a gestionar excedentes y todo lo que con ello implicaba. Los excedentes permitían acumular riqueza y por lo tanto permitían que unos grupos humanos tuvieran más recursos disponibles que otros y que dentro de un grupo humano unos individuos tuvieran más que el resto. Desde ese momento, la sociedad empezó a organizarse de manera jerárquica y la capacidad excedente de producción podría invertirse en más individuos con los que incrementar el poder del propio grupo humano. Mas individuos se traducía en mayor capacidad de trabajo, mas producción y nuevamente mas individuos. La fuerza muscular de hombres y animales domesticados era la medida del trabajo y uno de los factores que determinaban la productividad general.
Los excedentes no sólo permitían alimentar a la jerarquía social sino que también permitían la creación de estructuras militares con la finalidad de evitar que otros grupos se apoderasen de los excedentes, o bien tratar de apoderarse de los excedentes ajenos. No obstante, el territorio seguía siendo la fuente de riqueza fundamental, captando la luz solar y convirtiéndola en cereales, proteínas, vestidos, metales y armas.
Llegó un momento en que algunos grupos humanos descubrieron una forma más rentable aún de acumular recursos que cultivando el territorio: Depredar otros grupos humanos podría ser mucho más rentable para aquellas comunidades cuyo territorio no producía tanto como el de sus vecinos. Las hordas de vikingos y mogoles que asolaron los ricos reinos donde se acumulaban los excedentes habían descubierto un nuevo elemento de progreso para la humanidad; el poder del terror. Mediante el terror organizado, estos grupos humanos podían apropiarse de las riquezas ajenas o bien hacer que los demás grupos humanos trabajasen para ellos por medio de la imposición de impuestos.
Para poder utilizar el elemento terror de manera eficiente, un grupo humano debe de alcanzar una cierta notoriedad que le permita ser percibido por los demás grupos como temible o poderoso. Cuanta mayor capacidad de infundir terror consiga el grupo, mejores resultados obtendrá a la hora de dominar y sojuzgar al resto.
De esta época conservamos acepciones como “barbarie” que nos recuerdan el éxito cosechado por ciertos grupos humanos capaces de utilizar hábilmente tanto el poder militar, la organización jerárquica, la imposición de impuestos y sobre todo el terror.
Con el descubrimiento de los combustibles fósiles, llegó la tecnología y la capacidad de incrementar la productividad del trabajo sin necesidad de incrementar el numero de individuos del grupo. La medida del trabajo pasó de ser fuerza animal a sus equivalentes mecánicos como el caballo de vapor. La capacidad de un territorio de sostener población ya no era el factor limitante sino la capacidad de emplear la energía fósil. Inglaterra lideró la revolución industrial y sus ejércitos se expandieron por el mundo para instaurar uno de los más notorios imperios, basado en el carbón que proporcionaba la energía que movilizaba maquinas, barcos, comercio y excedentes a lo largo y ancho del planeta.
Llegado un momento, se descubrió una fuente de energía aun más rica, densa y conveniente. Incluso los propios ingleses tuvieron que cambiar la propulsión de toda su impresionante flota de guerra para poder quemar el nuevo y más rico combustible a pesar de que en dicha época, del suelo inglés salía el mejor carbón del mundo, pero no salía ni una gota del rico aceite mineral. En efecto, el carbón dio paso al petróleo y otro grupo humano ocupó el lugar dominante.
¿Había otra fuente de energía aun más rica y de mayor potencial que el petróleo? Si la respuesta es si, entonces hay que reconocer que la mayor parte de esta energía tiene fines militares y está en las manos del grupo humano que retiene el dominio de la mayor parte de las restantes energías. Los USA acumulan 6390 armas nucleares dispuestas para el lanzamiento mientras que todos los restantes países del mundo acumulan 4515 armas. Es la época de la aldea global y la tecnología audiovisual, los bombardeos televisados y el “shock and awe” retransmitido en directo. La barbarie que se lleva es la barbarie nuclear.
No obstante, la energía nuclear salió rana porque resultó difícil de emplear, cara y sobre todo limitada. Los USA con un 5% de la población mundial consumen el 25% de la energía disponible en el planeta y tienen un gasto militar que supera al de todos los restantes países de la tierra juntos. En estas condiciones parece difícil negar la estrechísima y directa relación que existe entre poder, energía y terror.
Haciendo resumen de nuestra historia, nos encontramos con 3 aspectos cruciales que determinan el éxito o fracaso de los grupos humanos y su capacidad de dominar o ser dominados:
-La acumulación de recursos (muy especialmente la energía)
-La organización jerárquica
-El terror
Que el petróleo se agotase o no, seria prácticamente irrelevante de no ser por los 3 factores anteriormente citados y su determinante influencia en el curso de la humanidad. El petróleo ha sido la energía más rica, la que permite movilizar mejores ejércitos, la que permite economías más competitivas y la que ha producido mayores excedentes al grupo humano dispuesto a utilizarlo. Renunciar al petróleo significa renunciar a la calidad de la energía mas rica y eso no será posible mientras exista petróleo. Cualquier otra forma de energía tiene menor riqueza y densidad. Por lo tanto, se seguirá usando petróleo hasta la última gota. Cuando se agote el petróleo, se usarán las siguientes energías por orden de densidad y riqueza hasta agotarlas.
Controlar los yacimientos conocidos de petróleo, al precio que sea, es la única opción para mantener la hegemonía. Esto no es utopía, no es ciencia ficción ni una novela de Tom Clancy. Esto está pasando frente a nuestras mismísimas narices.
Las ecuaciones de aquellos que imaginan un mundo idílico movido por energías renovables y alimentado con permacultura no se si tiene en cuenta los 3 factores citados y como estos factores van a influenciar la vida de los habitantes de esta aldea global. Seguramente, los ciudadanos de la época de Ghegis khan y de Atila pensarían que la vida seria mucho mas fácil sin necesidad de barbaros, mogoles, guerras e invasiones.
En nuestra época seremos testigos de una creciente competencia que coincide con el agotamiento de los recursos más valiosos, la mayor superpoblación de la historia de la humanidad y, tambien, la mayor acumulación de armamentos.
Yo no me preocuparía tanto por el hecho de que se agote o no el petróleo, yo me preocuparía por los nuevos mogoles y su insaciable voracidad. Estas circunstancias pueden ser apocalípticas o no, pero lo cierto es que no tienen precedentes en la historia de la humanidad. Nunca antes tantos humanos habían dependido de un solo recurso. Nunca antes tantos intereses se habían creado en torno a un mismo bien ni dicho recurso se encontraba tan localizado geográficamente.
Me considero poco supersticioso y dado a la mitificación. El Apocalipsis es un mito recurrente y básicamente religioso que no tiene en cuenta la complejidad de nuestro mundo. No creo en toques de trompetas y entidades divinas que marcan el curso de los acontecimientos sino que creo en la matemática más simple y básica. La competencia entre grupos humanos marca el camino hacia el conflicto y la supervivencia de unos grupos sobre otros de manera inevitable.
¿Otro mundo es posible? Seamos realistas, saludos