Re: Star Trek: La serie original (Star Trek: The Original Series) (Serie TV)
Star Trek, la serie original, es una de esas obras devoradas por su propia fama. Una fama que tergiversó su auténtica esencia y propósitos a un público que en realidad solo escuchó hablar de ello, o que vio poco y bajo el prisma equivocado (obviamente hablo del gran público y no de los fans). Transcendió el ámbito televisivo y se convirtió en un fenómeno popular, el estandarte de una subcultura.
Su éxito nunca fue mayoritario. La audiencia, aunque fiel, no pudo evitar que fuese cancelada en su tercera temporada (tuvo más éxito en reposiciones), dejando para la serie animada los 2 años que faltaron de los 5 de la misión de exploración. Y 10 años después comenzaron las películas, con un reparto cada vez más viejo y gordo, cambios constantes en la dirección y el equipo, y una calidad llena de altibajos que no alcanzaba las cotas deseadas más que para mantenerse. Y así conocimos su fama muchos niños y adolescentes, como algo opuesto a Star Wars, “cargada de intenciones moralistas y poca acción, aburrida y anclada al pasado”. Y es que en España ni las series de los 90 fueron muy conocidas, ni gustaron las películas de “The Next Generation” con ese aire tan tv-movie.
Y es que 1966 queda ya muy lejos y el común de los mortales no dedica ya su tiempo a producciones televisivas de entonces, incomprendidas y menospreciadas al contrario que el cine, que aguanta el tiempo mucho mejor. Ese mismo año, sin ir más lejos, Truffaut estrenaba “Fahrenheit 451” cuya estética ha envejecido igual de mal, como es habitual en el género, pero cuyo renombre y prestigio perduran por su denuncia del totalitarismo analfabetizador y por su lirismo. Cierto es que no se convence igual al público para que vea un par de horas, que más de 66. Una serie siempre requiere una curva de adaptación. La distribución tampoco ha ayudado, los canales de televisión no malgastan sus recursos en series antiguas con un target aparentemente tan limitado, y no ha sido hasta hace relativamente poco que el formato doméstico nos brinda la posibilidad de verlas cómodamente cuando queramos.
Después, creo que han sido dos factores los que han regresado la serie a la palestra. El más obvio es el reboot de la franquicia cinematográfica de J. J. Abrams. Y el segundo es una cuestión de revisionismo social y cultural, con el que en cierta medida se han vuelto a cuestionar los viejos clichés en el cine, la música, la moda, la literatura y prácticamente todos los medios de expresión. Las nuevas generaciones, acostumbradas ya ha tener a su alcance las reverenciadas referencias que sus actuales artistas favoritos destilan, tienen mucha hambre y quieren probar las cosas de primera mano. Y Star Trek es eso, una incuestionable influencia para la Sci-Fi posterior, una semilla en el talento de los creadores audiovisuales de hoy en todo el mundo.
Hoy, a quien pide consejo para iniciarse en estas series, no es raro que alguien le aconseje empezar con la magnífica “Star Trek: The Next Generation”, el primer spin-off, de 1987. Esto es porque con la original “hay que tener un par”. Y es que no todo el mundo tolera bien plantarse delante de esa inocencia argumental, ese vestuario hortera, esas interpretaciones extravagantes y esos efectos… tan cutres. Televisión americana de los 60, señores, (y encima ciencia ficción) seamos comprensivos. Una vez más el disfrute requiere un pequeño esfuerzo inicial, hay que cogerle el ritmo. Primero, sin prejuicios ninguno, hay que verles el lado simpático a las decisiones estéticas. Segundo, hay que saber perdonar los efectos visuales y reírte con ellos sin sentirte mal. Y tercero, hay que adaptarse a las interpretaciones y a algunos detalles del guion que pecan de ingenuos, pero no de falta de encanto. Si se siguen estos pasos, los detalles técnicos enseguida pasarán de extrañarte a maravillarte, y al poco ya no te obcecarán. A donde hay que llegar, y se llega, es a sacarle el jugo a las historias y a los momentazos. Y, como en toda buena serie, a querer a los personajes.
Esto último es mucho más fácil de lo que parece y llega pronto y sin darte cuenta. El guaperas americano demuestra una humanidad tan benévola como desarrollada (yo creía que no, pero consiguió caerme bien), mientras el vulcaniano “con aspergen”, un tipo con religiosa fe en la ciencia, desvela su lealtad incondicional. Y además del blanco americano y el extraterrestre, en el puente de mando también hay una mujer negra, un chino, un ruso… Todo un esfuerzo de modernidad multiétnica y modelo de integración. Se nota la actualidad de las preocupaciones camufladas en los guiones, en unos años de revoluciones sociales y políticas. El doctor toma whisky con moderación, y se conmueve recordando la brutalidad de las técnicas médicas del siglo XX. Tenemos minifaldas y coqueteos de “amor libre”. Humor. Alegatos y reflexiones sobre lo que significa el progreso para nuestra especie, la convivencia pacífica y la búsqueda del conocimiento. Se tachan de primitivas toda práctica abusiva de poder, y se manifiesta el respeto por la ecología. Se hace bandera de la tolerancia y, en definitiva, nos hace creer que el futuro será esa utopía que la madurez nos tachó de imposible. Un futuro sin guerras en nuestro propio planeta, y sin dinero que reste valor a las cuestiones más civilizadas.
Sí, nos hace soñar. Porque Star Trek no es solo ciencia ficción, es también fantasía y aventuras. Tiene más que ver con la expectación de lo desconocido y lo asombroso, que con el espectáculo pirotécnico. No se trata de la lucha entre el bien y el mal, sino de la determinación por descubrir, por aprender, por transgredir límites. Aquí la especulación científica nos marca un ideal que perseguir. Y las tramas, a menudo delirantes, nos plantean temas existenciales, filosóficos y psicológicos atemporales. Por todo eso no considero que el público infantil moderno esté preparado para consumir esa clase de entretenimiento. Es cierto que está ideado para jóvenes con la cabeza en las nubes, ávidos por ver que deparará al hombre tras su llegada a la luna, en un tiempo en que “el progreso” estaba tan en boga (aunque fuesen las amas de casa americanas preparando el almuerzo las que lo convirtieron en éxito en su primera reposición). Pero actualmente es el adulto medianamente formado, con ciertas inquietudes o gusto por lo retro, el que disfrutará mejor de esta obra. Una serie que nos conecta con lo que fuimos antes del cinismo y el desencanto. Es difícil hacerle justicia con palabras, pero siendo como digo ¿cómo no iba a resultar una serie entrañable? Y ¿cómo no iba a hacer legión de sus seguidores?
[Termino en otro post mañana, para que se nos haga más cómodo]