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Leí muchos libros, incluido 'Flash Gordon'. Me encantaba cuando hicieron el serial cinematográfico en la televisión; el serial original de la Universal lo emitían todas las tardes a las 18:15h y yo estaba completamente loco por él. Siempre he sentido fascinación por las aventuras espaciales, las aventuras románticas. Y, tras terminar 'Graffiti', me di cuenta de que se hacen muy pocas películas para gente entre los doce y los veinte años. Cuando yo tenía esa edad, prácticamente todas las películas se hacían para gente de mi edad. Me di cuenta de que, desde que se murieron los westerns, no han existido películas de mitología fantástica, como aquellas con las que crecí, disponibles para gente joven".
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Es muy fácil escribir sobre algo que conoces y que has vivido, es realmente difícil escribir sobre algo inventado de la nada. Y el problema es que había tantas cosas que podía incluir que era como estar en una tienda de golosinas: es difícil no terminar con dolor de barriga después de toda la experiencia. Pero había cosas que sabía que no quería incluir, como un exceso de explicaciones. Quería que la historia fuera muy natural. Quería que fuera una película completamente de aventuras, en lugar de algo con una tecnología tan compleja que perdieras gran parte de la película hablando de esa tecnología".
"Mi idea original era hacer una película sobre un anciano y un niño, que tienen una relación maestro-discípulo. Y sabía que quería que el anciano fuera un auténtico anciano, pero también un guerrero. En el guión original, el anciano era el héroe. Quería tener a un Clint Eastwood de 75 años. Me gustaba esa idea. Entonces escribí otro guión sin el anciano. Decidí que quería hacerlo centrado en los niños. Encontré el personaje del niño mucho más interesante que el del anciano (...) Mientras escribía los guiones, más personajes evolucionaban. Durante el periodo de dos años de reescritura, reescritura y reescritura, todos los personajes evolucionaron. Tomaba uno de un guión, otro personaje de otro guión y muy pronto se convirtieron en la media docena del patíbulo que son ahora. Fue una larga y dolorosa pugna, y aún sigo con ella, sigo luchando para darles vida".
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Es algo que se dio por hecho desde el principio. Dije: "No voy a contratar estrellas cinematográficas para esta película". No me haría ningún bien, puesto que es de fantasía. Si es una película de Robert Redford, ya no es una fantasía: es una película de Robert Redford y pierdes toda la carga de lo fantástico. Que, para empezar, es el único aspecto comercial de la película. Para poder crear una fantasía, necesitas tener desconocidos. Creo firmemente en eso".
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"Trato de construir utilería que no destaque. Trato de que todo parezca muy natural, con un aspecto casual de creo-haber-visto-esto-antes. Lo has visto en las pinturas que hemos realizado, especialmente en la que Ralph McQuarrie hizo de los banthas. Miras aquella pintura de los guerreros Tusken y los banthas y dices: "Oh, sí, beduinos...". Entonces la vuelves a mirar y dices: "Un momento, algo no está bien. Eso no son beduinos. ¿Y qué son esas criaturas de ahí detrás?". Como en la batalla entre los X-Wings y los TIE, que dices: "Esto ya lo he visto, es la Segunda Guerra Mundial... pero espera un momento... ese caza no se parece a ninguno que haya visto antes". ¡Quiero que toda la película transmita esa sensación! Es algo muy difícil de conseguir, porque debe parecer muy familiar y, a la vez, no ser familiar en absoluto".
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"Escuché que era un magnífico compositor clásico con quien era muy fácil trabajar. Me gustó lo que había hecho con Steve (Spielberg), que me lo recomendó encarecidamente y me dijo que tenía que hablar con él (...) Yo sabía muy bien qué clase de sonido quería. Sabía que quería una banda sonora de película romántica de las de antes, y supe que él es realmente bueno con grandes orquestas".