Se agradece bastante lo que has comentado. El tema es que en este proyector uno de los modos cálido mostraba más arcoiris que otro. De hecho, en este hilo se pasó una configuración que disminuía mucho el efecto.
El modo
Cálido 1 utiliza únicamente los tres colores primarios del sistema RGB láser (rojo, verde y azul) sin añadir mezclas adicionales. Esto permite una reproducción del color más precisa y una calibración más cercana al estándar cinematográfico, siendo la opción más recomendable para disfrutar de películas con la máxima fidelidad, tanto en SDR como en HDR.
El modo
Cálido 2 utiliza una estrategia diferente: combina láseres al mismo tiempo para generar colores secundarios como cian y amarillo. La idea es conseguir algo más de luminosidad y una imagen más llamativa, ampliando la forma en la que el sistema genera los colores.
El concepto es el mismo que el "BrilliantColor" utilizado en proyectores DLP de lámpara, donde se añadían colores secundarios a la rueda RGB tradicional para ganar eficiencia luminosa. La diferencia es que en un proyector RGB láser no existe una rueda de color mecánica; todo se realiza mediante el control electrónico de la intensidad y los pulsos de los diodos láser.
La ventaja de
Cálido 2 es una imagen algo más brillante y una posible reducción de la percepción del efecto arcoíris en determinadas escenas. A cambio, al introducir combinaciones de emisores, puede perder precisión cromática frente al RGB puro y una imagen algo más fría. Por eso no es necesariamente el modo más fiel, sino una alternativa más orientada al impacto visual.
En cuanto a la durabilidad, hay que recordar que un sistema láser sigue siendo un dispositivo electrónico complejo. Aunque no tenga lámpara ni piezas móviles como una rueda de color, utiliza diodos láser, controladores de corriente y circuitos de conmutación que trabajan a altas frecuencias y con cierta exigencia térmica. Por eso cuando se activa el anti-RBE el circuito zumba, por el stress eléctrico al que están sometidos sus componentes.
Un mayor número de fuentes activas, más ciclos de funcionamiento o una mayor intensidad de trabajo pueden suponer una mayor exigencia para los componentes. Esto no significa que el proyector vaya a fallar antes, pero es lógico pensar que cualquier sistema electrónico sometido a mayor estrés puede sufrir una degradación diferente a largo plazo.
Por eso los datos de vida útil anunciados por los fabricantes deben interpretarse con cierta perspectiva: suelen corresponder a condiciones ideales de laboratorio, mientras que en el uso real influyen factores como la temperatura, la ventilación, las horas de funcionamiento, el nivel de brillo utilizado, el stress al que se somete el aparato o los ciclos de encendido y apagado.
Después de más de 25 años utilizando proyectores DLP, he aprendido que la teoría y la práctica no siempre coinciden. Aprendí a repararlos por mi mismo. He visto degradación de componentes, fallos electrónicos e incluso píxeles muertos en chips DMD que, en teoría, no deberían aparecer (antes incluso de tener que cambiar la lámpara). Incluso tuve un magnífico SIM2 de principios de los años 2000 al que sustituí yo mismo el chip DMD en dos ocasiones. También reparé Optoma y BenQ. Nunca he tocado antes un proyector Laser, por lo que no puedo afirmar todavía nada en su caso.
La tecnología RGB láser tiene mayor estabilidad de color, ausencia de lámparas y una excelente capacidad de reproducción cromática.
Pero sigue siendo electrónica de precisión. Que no existan piezas móviles no significa que no exista desgaste; simplemente cambia de los componentes mecánicos a los semiconductores y circuitos electrónicos.
Otro día os explico si queréis la horrible calidad de la pasta térmica (o pad térmico) que algunos fabricantes (ejem, ejem, Optoma...) usan en sus chips DMD, lo que casi les garantiza una obsolescencia programada. Y cómo un mantenimiento regular anual cambiando la misma (según su uso) puede significar que dure muchísimos más años.