A propósito de la garra, o mano monstruosa, no debemos olvidar El legado tenebroso, de Paul Leni, aunque allí, con ese sentido del humor tan peculiar del director, se le den la vuelta a ciertos temas.
La idea de la garra, de la mano que agarra, que penetra, está presente en Caligari también a partir de los decorados, con esas formas envolventes y a la vez puntiagudas de muchos de ellos.
La volvemos a encontrar en Metrópolis, en el simbolismo de la mano convulsa que se extiende para agarrar algo o para destruirlo (la escena de la destrucción de la torre de Babel, el baile seductor de la María mala en el Yoshiwara...). Manos y ojos son elementos visuales que aparecen con frecuencia en el expresionismo. Unos ojos generosamente maquillados, como los de la María mala (compárese su apariencia con la de la María buena, más discreta y natural), o como los del propio Cesare, suelen ser símbolo en el cine de la época de perversidad moral (fijemonos en que en las escenas en que Cesare no está en poder de Caligari, éste también lleva un maquillaje menos llamativo), como creo que fue Biosca quien lo señaló.
Otros dos elementos que aparecen frecuentemente en películas de la época (y no sólo en películas) con un fuerte matiz simbólico, son escaleras y puentes. Incluso hubo un movimiento de pintores expresionistas que se llamó justamente así, Die Brucke (el Puente). Escaleras y puentes juegan un papel de gran importancia en Caligari, Nosferatu y Metrópolis para delimitar el espacio simbólico donde se mueven los personajes. Es cuando Hutter cruza el puente que se mete de lleno en el mundo de los fantasmas donde le espera el Conde Orlock. Es justo después de cruzar el puente que Cesare se encuentra con su destino y Caligari escapa de las manos de sus perseguidores.




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