La verdad es que me lo pasé bastante bien el primer día. La manera de disfrutar correctamente esto es no ser uno de esos amargados que exigen de todas las películas que sean obras maestras, e impregnarse del ambiente festivo que termina convirtiendo en especiales algunos títulos que no lo serían en la penumbra internetera de tu habitación.
"Housebound" parecía querer combinar "Disturbia" con el cine de casas encantadas, queriendo jugar a toda costa la baza de la comedia de horror al estilo del primer Peter Jackson, pero sin ser tan gamberra ni bestia y, sobre todo, sin el ritmo apropiado. Pero es una ópera prima modesta, con algún momento bien logrado, que tal vez se programó para ir empezando poco a poco, con algo conscientemente más flojillo.
La verdad, me cae un poco mal que los festivales de fantástico den una imagen distorsionada del cine japonés como un cúmulo de frikadas sin pies ni cabeza, cuando en realidad estamos solo ante un subconjunto de la tendencia japonesa a tomarse en serio sus trabajos y entregarse a ellos con dedicación total y laboriosa y sin medias tintas. O sea, que, al igual que los bailaores y tocaores nipones a veces pueden llegar a superar a los de España a base de tesón, los cineastas que eligen los subgéneros frikis se descuelgan con unas locuras con las que Occidente no puede ni soñar. "Tokyo tribe" no admite posiciones intermedias: solo puede fascinarte sin paliativos o cabrearte desde el minuto uno. No todos los días ve uno un musical hip-hop sobre luchas de bandas callejeras, con la estética más abigarrada vista en mucho tiempo, planos secuencia que dejan a "Birdman" en calzoncillos y excesos de todo tipo. La progresión argumental brilla bastante por su ausencia, pero, si entras en el juego, es toda una experiencia que ningún visionado doméstico podrá replicar. Si no, pues lástima de dos horas. En todo caso, muy preferible a "Hunger of the dead", que apuesta por ese cine conscientemente cutre que busca hacerse perdonar a base de un gamberrismo aquí muy mitigado. La premisa de que los no muertos internan a los vivos en granjas para criarlos como ganado, de ahí la necesidad de que se apareen sin tregua, daba para una combinación entre porno softcore y gore que en manos más desvergonzadas hubiese estado bien.
Otros años me quejé de la preponderancia de las comedias de horror, pero, bueno, "Burying the ex" se dejó ver con agrado debido a su ochenterismo, sus mil y un referencias cinéfilas y el oficio en el humor negro de su ya veterano autor, Joe Dante (me pareció entrañable el aplauso del público al infaltable cameo del ya muy abuelete Dick Miller) y "Lo que hacemos en las sombras", aunque me asalte la tentación de llevar la contraria a tanta unanimidad, hay que reconocer que es muy eficaz e inventiva como comedia y también es buena como obra de fantasía, plasmando un montón de ideas sobre el mito del vampirismo que solo pueden concebir personas que lo conocen y aprecian. Hasta ahora la favorita del público, y hay razones para ello.




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