Iniciado por
Versta2
He tardado tres largos días para atreverme a compartir lo que siento ahora mismo: una profunda decepción. Pero no es una decepción vacía, sino nacida de las esperanzas, de unos medios espectaculares, ingredientes, que finalmente, creo que han supuesto la tumba. Tenerlo todo y..quedarte en casi nada, en poca cosa. Cuando las más altas cotas son posibles, y no se alcanzan, es cuando llegan las mayores decepciones. Porque la película no es mala, ni mucho menos, pero....tanto se ha perdido por el camino...
Había comulgado con ruedas de molino. Desde el principio tuve claro el enfoque de PJ. Me metí en el papel totalmente. El libro no era para mí, ni más ni menos que un cuento que Bilbo escribió para sus parientes, sus niños. Obviando sucesos, olvidando cosas, suavizando muchas otras. Pero la realidad es la que fue y esa no estaba en el libro. Que no aparece ni Tauriel ni su relación con Kili, pues posiblemente porque Bilbo jamás se enteró de dicha relación, o no quiso contarla por mil motivos. Y así con todo. PJ nos contaba un pedacito de historia de la Tierra Media, mientras que el libro de Tolkien era y es un cuento de esa historia bajo el filtro de un pequeño Hobbit con sus complejos y sus manías.
Sin embargo, tamaña justificación no es óbice para que la película se caiga abajo con todo el equipo. Frente a actuaciones colosales de los principales protagonistas, frente a las grandes localizaciones, fotografía, recreaciones artísticas, me es imposible olvidar los también colosales defectos de montaje y de guión. Yo siempre he pedido a PJ más de lo mismo, pero mi acepción a ese concepto es el siguiente: más de las mismas emociones, más de las mismas sorpresas y logros técnicos y artísticos. No la repetición recurrente de los mismos defectos, manías y costumbres. La ausencia de un plan, de una estructura clara lastra la película. Dol Guldur, el fin de Smaug, la Batalla, todo está mezclado sin ninguna maestría ni orden. Estructura, narrativa!!! Podría haber creado uno de las famosas introducciones con los tiempos antiguos y el fin de los 9, o haberse inventado el regreso de Sauron a la Tierra Media, el origen de los dragones, el "pacto" entre Smaug y Sauron, mil ideas, haber centrado la primera parte en Dol Guldur. Haber dado orden y estructura. Pero no.
Le perdono a PJ que me saque una relación de amor cogida por los pelos, incluso al ayudante del gobernador y sus excesos -con casi más presencia que el propio Bilbo-. Pero que a cambio me sacrifique el maravilloso regreso de la piedra del Arca (para mí, siempre uno de los Silmaril) adonde pertenece -en lo más profundo de la montaña y del corazón de los enanos-, o el destino de Erebor, o el destino de Balin, o la majestuosidad de Beorn en la Batalla (escena inspiradora de las más preciosas acuarelas Tolkenianas que he visto). No, no me convence. Por ello, la Batalla pierde poco a poco fuerza, llena de incoherencias narrativas (¿dónde queda ese Troll que atraviesa el muro?, ¿y las 3 cabras gigantes?), centrándose paulatina y eternamente en pequeños "set pieces" de los personajes con sus antagonistas, hasta que al final, la que da título a la propia película, la BATALLA con mayúsculas, se queda en un simple secundario pasivo del que jamás sabemos su resolución.
El montaje tan poco eficiente es uno de los causantes del desaguisado. No es de ahora. En el Señor de los Anillos pasaba lo mismo, pero ahí había barra libre para duraciones estratosféricas (e incluso le perdonábamos la vida a PJ por sus numerosos aciertos). Aquí, los desmanes del montaje son los tijeretazos a las verdaderas intenciones y al espíritu de Tolkien. Ya no es cuestión de Alfrid, del omnipresente Legolas o de la bella Tauriel, sino de la lentitud e ineficacia de los montajes. Planos eternos, cámaras lentas para dar supuesta epicidad a los momentos decisivos, presentaciones onomatopéyicas de los personajes, cual Sergio Leone en sus westerns, o...para ser más francos, como un Dragon Ball Z de toda la vida. En este sentido, triste la llegada de Elrond -de resultado, me atrevería a decir, casi bochornosamente pomposo- a un Dol Guldur descafeinado y pobre, notándose hasta el exceso el rodaje en estudio. Desde este punto de vista, cualquier despedida, presentación, escena dramática pasa de ser efectiva a simplemente efectista, consumiendo metraje y más metraje. La inteligencia estribaría, en mi opinión, en saber dónde y cuándo poner un gesto, un silencio, un guiño, una mirada, un primer plano, incluso una cámara lenta.
Dos películas, dos películas geniales es lo que yo pedía, plenas de historias, de escenarios variados, sin sacrificar personajes, tratamientos, emoción, simplemente respetando las más básicas reglas del montaje y narrativa cinematográficas.
Y sin embargo, sonreí de emoción -como el propio Thorin- con la maravillosa escena entre éste, Bilbo y....una simple bellota. Es lo que tiene esta película, a mi entender, tan cerca....y tan lejos de la gloria.