Anoche, movido por estas polémicas, revisé "El bosque", que hacía tiempo que no la veía... y bueno, debo decir que está mejor de lo que recordaba. Es verdad que al verla por primera vez quedan muchos cabos sueltos y detalles que parecen absurdos, pero ese visionado me ha dado algunas respuestas que antes se me habían escapado. Sigue siendo ese problema de montaje de escenas lo que enturbia la cinta.
Pero qué coño, si no os gusta la propia trama de la película o sus giros de guión, es pefectamente apreciable por sus aspectos formales y por varios momentos espléndidos, como una deliciosa fotografía campestre que aprovecha cada escena de manera ejemplar.
El primer ataque de las criaturas al pueblo, con ese plano de la mano de Ivy, es impresionante. Una tensión que se rompe cuando al fin la pareja, a cámamara lenta, entra en el sótano acompañados por la magnífica música de violines del gran Howard.
El juego del gato y el ratón que protagonizan el monstruo y la prometedora (y guapísima) Bryce Dallas Howard, que termina con un golpe de guión que me dejó, al menos a mí, clavado a la butaca.
Pero mi escena favorita, después de verla anoche, es cuando William Hurt (enorme, gigantesco; una de sus mejores interpretaciones, ya me podéis llamar de todo) se enfrenta al resto de adultos y les recuerda para qué están aquí. Es tal la cantidad de información y dobles lecturas que ofrece Hurt en su discurso que la primera vez que lo ves te pierdes la mitad de su carga emocional. Ahora que te sabes el final puedes comprender el comportamiento y las justificaciones que da, y sobre todo la lógica reacción del personaje encarnado por Brendan Gleeson.
(Por cierto, hablando de Brendan Gleeson, me gustaría reivindicarle como un gran secundario injustamente olvidado por la crítica y el público)
En fin, a los que no os gustó mucho la primera vez que la visteis, os recomiendo darle otra oportunidad. A mí tampoco me gustó la primera vez y ahora me encanta.