11. Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944), de Howard Hawks
Si conseguimos leer la nota que aparece en el cartel que enlazo, veremos que dice: “with his kind of woman in a powerful adaptation of Ernest Hemingway’s most daring man-women story”. Cosas de la forma de promocionar las películas de la Warner (y del resto de productoras de Hollywood), porque en la novela de Hemingway, del mismo título, publicada en 1937, y que tuvo una acogida más bien discreta, no hay ni rastro de esa “most daring man-women story”, de hecho, no hay ninguna relación “hombre-mujer”, si no contamos la prosaica y vulgar relación que mantiene Harry Morgan con su esposa, puesto que nuestro héroe cinematográfico en el papel está casado con tres hijas.
O sea, To Have and Have Not, ya desde su misma concepción, y ya no digamos en el lugar que ha pasado a ocupar en la historia del cine, es, por encima de todo, el intento de generar un mito cinematográfico. Ahí es nada poner el nombre de Hemingway encabezando el título del film y servirse de William Faulkner en la elaboración del guion, junto a Jules Furthman (que realizó el primer tratamiento, manteniendo la localización de la acción en Cuba, como en la novela). El mito, no obstante, se creó, sobre todo, por unir en la pantalla, y fuera de ella, a un actor que, después de muchos años, había alcanzado el estrellato, con una debutante llegada de Nueva York (con 19 años en el momento de iniciar el rodaje), en calidad de protegida de Howard Hawks (de hecho, tenía contrato con la Hawks-Feldman Productions), y que había hecho poco más que algún papelito en el teatro y aparecido en Harper’s Bazaar como modelo.
Hawks no solo la apadrinó y la incluyó en el film de la Warner (presentado como una Howard Hawks Production), sino que la “bautizó” con el nombre de Lauren, en lugar de Betty, e incluso le cedió en la película el sobrenombre de “Slim”, que era el apelativo familiar de su esposa, la elegante y sofisticada Nancy Keith.
Todo ello contribuye a que se haga muy difícil hablar de la película dejando de lado todos estos aspectos que forman parte de la mitología del llamado Séptimo Arte.
De entrada, hago un brevísimo resumen de la novela de Hemingway, que he leído para la ocasión, y que me parece más bien discreta (lectura perjudicada por una traducción poco inspirada). La novela, escrita según parece entre 1934 y 1937, consta de tres partes.
La primera nos cuenta cómo Harry Morgan, que se dedica a poner su embarcación al servicio de turistas estadounidenses en Cuba para la pesca de peces espada y similares, ayudado por Eddie, un permanente borrachín (como Brennan en el film), se encuentra en una situación económicamente apurada, ya que el cliente se va sin pagarle (como lo intenta Walter Sande, el Johnson cinematográfico), teniendo que aceptar el transporte ilegal de unos chinos con destino a Florida. Aquí, cambiando chinos por el matrimonio De Bursac, acaban las semejanzas con el film de Hawks, porque en la novela Harry mata al intermediario y deposita el cargamento humano en la costa cubana, sin cumplir lo pactado.
En la segunda parte, lo vemos dedicado al contrabando de alcohol entre Cuba y los cayos de Florida, operación de la que sale herido. En la tercera, instalado en Florida con su mujer e hijas, Harry, que ha perdido un brazo y tiene su embarcación confiscada, consigue que un amigo le deje la suya para poder transportar a cuatro cubanos revolucionarios, que vienen de robar un banco. Pero el “servicio” acaba a tiros, resultando muertos tanto los cubanos como su compañero (que no es Eddie) y el mismo Harry, que fallece al llegar a puerto a consecuencia de las heridas.
Así pues, el Harry Morgan hemingwayano poco tiene que ver con el Harry Morgan hawksiano (o “Steve”, como le llamará “Slim”). Aquí no hay ninguna causa que defender, aunque sea con un rictus cínico en la cara, y la implicación en la turbulenta política cubana de la época del Morgan literario no responde más que al interés de conseguir dinero.
Porque “Steve”, como el Rick de Casablanca, es un cínico de buen corazón, un romántico que, a pesar de su apoliticismo militante y su escepticismo integral, posee una particular escala de valores que le hace preferir prestar su apoyo a la resistencia francesa en la Martinica, durante el verano de 1940, antes que a los integrantes de la Sûreté del gobierno colaboracionista de Pétain, representados por el siniestro capitán Renard (Dan Seymour), un villano sin matices y sin el encanto del capitán Renault que encarnó Claude Rains (por cierto, uno de los guardaspaldas de Renard está interpretado por Aldo Nadi, al que algunos quizá recordéis de la renoiriana Le tournoi).
Un “Steve” que, al final de la película, parece dispuesto a ayudar a Paul de Bursac (Walter Surovy) a llegar a su meta, la Isla del Diablo (que ya aparecía en el film anterior de Bogart), para rescatar a un preso vital para la Résistence.
En una Fort-de-France, capital de la Martinica, de atrezo, oportunamente envuelta en brumas (fotografiada en estudio por Sid Hickox), To Have and Have Not busca, de forma aún más clara que en la anterior Passage to Marseille, devolvernos la magia de Casablanca. Para ello, esta vez sí, Hawks y sus guionistas se sacan de la manga un personaje de los que van directos a la gloria: el de Marie “Slim” Browning, una joven a la deriva por el Caribe, sin oficio conocido, que tanto sirve para intercambiar frases afiladas con claras connotaciones sexuales con “Steve”, como para cuidar un herido o cantar canciones con Cricket (Hoagy Carmichael), el pianista del Hotel Marquis donde se alojan (hotel que regenta un viejo conocido nuestro, Marcel Dalio, el crupier del Rick’s Café, y actor en dos de los mejores films de Renoir), como, por ejemplo, “How Little We Know” (composición del propio Carmichael).
A pesar de que la película se rodó cuando el conflicto bélico todavía estaba activo, la trama política me parece una mera excusa, un MacGuffin que aporta el esqueleto argumental a un film que si destaca es por los diálogos entre los tres personajes principales, “Steve”, “Slim” y el inolvidable borrachuzo de Eddie. Es en la química irresistible que se desprende de la relación entre los tres actores donde la película alcanza sus mayores logros. Y, por supuesto, la novedad para el espectador de una interpretación y una presencia física tan poco convencional como la de Bacall. ¡Y pensar que la primera opción para el papel fue Ann Sheridan! Una Bacall novata que, se dice, recurrió a esas miradas de abajo a arriba, que tanto la caracterizaron y que la hizo merecedora del apelativo de “The LooK”, debido a su inexperiencia, a sus nervios, a su timidez. Cualquiera lo diría cuando suelto aquello de: “anybody got a match?”. Y es que, como ocurría con Casablanca, la película contiene algunas de las frases más repetidas de la historia del cine, desde la surrealista y reiterada “was you ever bit by a dead bee?” (que da pie a varias réplicas impagables)
hasta el tórrido “you just put your lips together and blow”, pasando por el “it’s even better when you help”.
Y Bogie aguantando el tipo con un aire de estárselo pasando en grande… delante y detrás de las cámaras. Hasta el punto que se cuenta que Hawks sufrió un ataque de celos, produciéndose diversos enfrentamientos con su amigo Bogart. Relación tórrida que hasta mereció el honor de ser inmortalizada en un cartoon de la Warner.
Resultado: éxito espectacular de público, una nueva estrella en el firmamento de Hollywood con nuevo contrato con la Warner, y, al cabo de unos meses, ruptura definitiva de Bogie con Mayo Methot y matrimonio con Bacall.
Para alimentar el apetito de los fans, se recurrió a fotos promocionales tan apasionadas como esta de Martin Weiser.
Pero, como ya señaló Alcaudón anteriormente, Bogart tenía una película rodada con anterioridad, que la Warner mantuvo en un cajón durante un par de años antes de estrenarla, la mediocre Conflict, de Curtis Bernhardt, un fracaso comercial que Bogart no había querido rodar. Esa será la próxima entrega, después de un parón de Semana Santa que puede irnos bien para recuperar fuerzas.




LinkBack URL
About LinkBacks






Citar