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A ver, que nadie le niega a Penélope el derecho a quejarse. Lo que digo es que “reclamar su puesto” no significa nada en el mundo del poema. En la Ítaca de Homero el trono va pegado al varón que controla la casa, y punto. Los pretendientes no la cortejan porque sea la reina: la cortejan porque casarse con ella ES la corona. Una viuda no gobernaba sola, volvía con su padre o pasaba al siguiente marido.
Y ojo, que Homero no lo insinúa, lo suelta a la cara: Telémaco manda a su madre a sus aposentos en el canto I porque “la palabra es cosa de hombres”. Y es ella misma la que propone lo del arco para elegir marido. La única reina de la épica que fue por libre es Clitemnestra, y lo que hizo fue cargarse al suyo. Ese era el menú de la época: esposa fiel o criminal. No había tercera opción.
Como relectura de 2026 me parece bien, pero seamos honestos: ahí habla Nolan, no Penélope. Y la gracia es que ni él se lo cree del todo, porque cuando toca repartir el trono al final, ¿a quién va? A Telémaco. De varón a varón, como siempre.
Esto es así, las cosas como son.




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