Thief de Michael Mann:

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Primera experiencia cinematográfica de Mann (anteriormente realizó
The Jericho Mile - aka
Hombre Libre- para TV) basada en la novela homónima de Frank Hohimer. Las similitudes con el libro quedan en mera anécdota comparadas con el festín de personajes, perdón, del personaje de Frank que nos proporciona el guión de Mann: Quizás esté hablando del ladrón más humano que ha retratado el cine, con sus contradicciones y convicciones, siempre guiado por la autosuficiencia que le alza y termina hundiéndole cuando ésta se convierte en orgullo. James Caan realza su personaje llevándolo al farragoso terreno de la empatía, caminando por una cuerda floja de la que nunca cae y demostrando que es uno de los mejores actores vivos del momento.
Hasta la chirriante banda sonora de Tangerine Dream (que colaborarían con Mann en su siguiente proyecto,
The Keep) se torna inseparable a la película, sirviendo del perfecto apoyo a las larguísimas secuencias en las que el realizador se limita a mostrar el hipnótico proceso del robo. Un taladro, una soldadura, un corte de cables: Mann lo convierte en algo mágico que satisface al espectador tanto como al ladrón.
Secundarios solventes, con una Tuesday Weld anterior a Leone, un James Belushi eclipsado por entonces por su hermano y un Willie Nelson cuya historia resulta la más trágica de toda la película; todos ellos contribuyen a resaltar cada una de las facetas de Frank como el auténtico amo y señor de todo el metraje.
En definitiva, uno de los proyectos más íntimos y redondos de Michael Mann, alejado de sus estilizadas maneras de los 90 y del frenético video de la actualidad, donde ya se vislumbraba a un realizador arriesgado con las formas y clásico con lo más imprescindible: contar una historia.
(Ahora es cuando me siento estúpidamente orgulloso de mi avatar)