Visionada anoche Música en la oscuridad (Musik i mörker), de 1948.
Poco a añadir a la estupenda reseña de mad dog earle, de modo que, para evitar repetirme, me centraré en los aspectos visuales de la película.
En efecto, la trama de la película (una especie de revisión del Infierno de Dante) no dista de la habitual en un melodrama de la época, lejos de las complejidades de películas posteriores de Bergman, aunque como siempre, hay pequeños apuntes formales ya presentes en esta muestra temprana, que evidencian el talento del director, dotando a la cinta de cierta personalidad y calidad artística.
Desconozco si sentían respeto mutuo, pero hay en la película momentos bastante hitchcockianos:
El sueño/delirio del protagonista tras el accidente, de cariz surrealista (daliniano y buñueliano, en forma de ojo), con toque sexual incluído, como en la película del inglés Recuerda (Spellbound) (1945)
El parecido del protagonista, Bengt Vyldeke (interpretado por el actor Birger Malmsten) tiene una notable semejanza con Gregory Peck (protagonista de las películas Recuerda y El proceso Paradine, de Hitchcock)
En la habitación que comparte Ingrid (interpretada por la actriz Mai Zetterling) con una compañera, vemos una fotografía de Cary Grant, otro actor fetiche del orondo director
Y que decir del cameo del propio Bergman en el tren (más hitchcockiano, imposible)
Como en la posterior La sed, Bergman vuelve a tratar una serie de temas comunes:
- la crítica social (lucha de clases) en la que sólo cuando aquellos personajes que lo tienen todo, caen en desgracia y el vivir en la austeridad (el mundo real, en el que no son pocos los que no duden en explotar al prójimo o emplear la crueldad con tal de sobrevivir), se encuentran a sí mismos, su lugar en el mundo y son capaces de amar verdaderamente (con los sacrificios que ello conlleva);
- de nuevo, el director hace hincapié en la guerra (la ceguera y consiguiente caída en desgracia del protagonista son causados durante un ejercicio de tiro), en unas primeras imágenes en un pasaje nevado, en las que el sonido de las ametralladoras será el único diálogo (que hacen pensar lo bien que le habría podido salir al director un melodrama con la guerra como telón de fondo, como la estupenda Tiempo de amar, tiempo de morir, dirigida por Douglas Sirk);
Me ha gustado el modo en que Bergman juega con la luz y la oscuridad a lo largo de la película.
El modo en que sumerge al protagonista (de nuevo relacionado con el arte, es pianista) en la oscuridad, para describir su caída social: no conseguirá ser admitido en la academia musical, logrando un trabajo como músico en un restaurante, regentado por un dueño de mala muerte (con un parecido razonable con el despreciable Quinlan interpretado... ¡diez años después! por Orson Welles en su película Sed de mal), al que muestra bebiendo, metiendo mano a las camareras y maltratando y aterrorizando a todos y cada uno de sus amargados trabajadores, a los que ha sumido en una oscuridad moral)
Y el modo en que juega con la oscuridad dualmente: del mismo modo en que sume al protagonista (literalmente) en las tinieblas,Spoiler:
el director muestra sus encuentros y posterior enamoramiento, durante la oscuridad:
Y finalmente, otros temas habituales del director:
-el espejo
- la figura de una madre castradora y posesiva
- la escena en el baño, esta vez el director muestra como Ingrid se desnuda para bañarse, planificado con naturalidad, mostrando (sin énfasis sexual) la inocencia/pureza del personaje
- el tono espiritual/fantástico en que Ingrid ve la fuerza de superación interior de Bengt y se enamora de este; pese al rechazo/timidez al conocerle, se da cuenta de su ceguera. Los planos del rostro de Ingrid (ya sea cuando esta admira a Bengt tocar el órgano en el funeral de su padre o cuando Bengt acaricia su rostro, son de una pureza y belleza plástica dreyeriana:
Spoiler:
En fin, debo reconocer que me ha gustado más de lo que esperaba y reconozco que me ha sorprendido gratamente el buen hacer del director, insuflando coherentemente en el plano visual, sus obsesiones en la trama.
Reconozco, eso sí, el trazo tirando a tópico, con que trata a ciertos personajes: la prometida de Bengt, una pija superficial y vacía o los celos del amigo/pareja de Ingrid, Ebbe (interpretado por el actor Bengt Eklund, al que el director asocia a personajes mezquinos y desagradables, como en la posterior La sed) o lo precipitado del tramo final, aunque el metraje precedente bien merece mi recomendación para su visionado.




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