Seguimos con el Bergman televisivo. En esta ocasión se trata de la grabación en 1975 de una representación de La flauta mágica, opera de W.A.Mozart en dos actos. Según imdb se trata de la primera banda sonora en estéreo para la televisión. La edición que he visionado es la de Avalon-Fnac, de 128 minutos de duración (supongo que la equivalencia más o menos correcta en sistema PAL a los 135 minutos que indica imdb), con un aspecto televisivo de 1,33:1 y una calidad de imagen que denota su origen, o sea, justita en muchos momentos.
Como mis conocimientos musicales en general, y operísticos en particular, son escasos, dejo de lado los comentarios musicológicos, ya que en ese ámbito poco puedo aportar. En todo caso, a mí la interpretación me suena bien, me parece correcta tanto por lo que respecta a las voces como a la orquestación. Destacar, eso sí, que se trata de una versión en sueco de la obra mozartiana, en lugar del alemán original.
Tampoco añado nada sobre el guion (de Bergman), ya que las aventuras de Tamino y Papageno a la búsqueda de Pamina y Papagena son bien conocidas, así como el enfrentamiento entre el día (el sol, la luz), que representa Sarastro, y la noche (la luna, la oscuridad), encarnada por la Reina de la Noche. Me limito, pues, a señalar algunos aspectos peculiares.
De entrada, decir que no se trata de la filmación de una representación, sino más bien de la recreación de una representación, puesto que es evidente que lo filmado no está sucediendo en todo momento en el escenario que se nos muestra, hay un trabajo de realización estrictamente cinematográfico, con abundantes primeros planos y efectos especiales.
Bergman, además, se cuida de recordarnos en todo momento el artificio, con planos tras el telón, imágenes del público, miradas cómplices de los actores (que, en general, actúan para la cámara, no para el público), etc. Hay otros elementos de este tipo: por ejemplo, unos rótulos con la letra de lo que se está cantando, que aparecen a modo de subtitulado en diferentes momentos. En cuanto al montaje escenográfico, me parece bastante clásico, sin las licencias (en ocasiones bochornosas) a las que el mundo de la ópera se ha acostumbrado en los últimos tiempos, o sea, Sarastro no regenta un burdel ni aparece con la cruz gamada, ni Pamina es sodomizada por Monostatos, ni Tamino se lo monta con Papageno, ni la Reina de la Noche aparece recluida en un frenopático.
La película se inicia a los sones de la obertura, con imágenes del exterior de lo que se supone es el teatro donde se efectuará la representación. Después, ya en la sala, se suceden los rostros de los asistentes, de marcado carácter “multicultural” (aparentemente, personas de muy distintas procedencias, como si se quisiera reforzar el carácter universal de la música de Mozart). Este detalle me parece un tanto demasiado obvio e innecesario, pero nos ofrece, eso sí, una interesante colección de retratos magníficamente iluminados por Nykvist. Entre otros, vemos los rostros de Ingmar Bergman, Liv Ullmann y Erland Josephson, aunque durante toda la grabación Bergman se centra en las reacciones que produce la obra en el rostro de una niña.
Finalizada la obertura, se alza el telón y asistimos al primer acto. Más adelante, habrá una pausa (de cinco minutos, reza el rótulo, quizá coincidentes con el corte televisivo, pero no con esta edición en DVD), y a continuación el segundo acto, más oscuro y trascendente.
Quien conozca la obra ya sabe que en este segundo acto se introducen las referencias más explícitas al carácter masónico de la obra, incluso Bergman opta por unas imágenes que nos emparejan la hermandad dirigida por Sarastro con la figura de Jesús y los doce apóstoles, además de una referencia al Grial (Sarastro, durante la pausa, está leyendo un libro titulado “Parsifal”).
El final del film, tan precipitado como corresponde al texto de la obra, se cierra sin ningún rótulo ni la acreditación de ninguno de sus artífices. En resumen, una buena manera de ver está ópera, aunque tengo mis reservas por el hecho de ofrecernos una versión en sueco, algo que hoy en día me da la impresión que no es muy habitual (me consta que en otros tiempos sí era más frecuente ofrecer versiones en otras lenguas de algunas obras operísticas).




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