Quien roba a un ladrón…
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THE BAT WHISPERS (1930)
Director: Roland West.
Productor: Roland West.
Producción: Art Cinema Corp.
Distribución: United Artists Corp.
Guion: Roland West, a partir de la obra teatral “The Bat” de Mary Roberts Rinehart y Avery Hopwood (Morosco Theatre, Nueva York, 23 de agosto de 1920) la cual estaba a su vez basada en la novela “The Circular Staircase” de la primera (The Bobbs-Merrill Company, Indianápolis, 1908). [Serializada previamente en
“The All-Story Magazine” en cinco entregas entre noviembre de 1907 y marzo de 1908].
Fotografía: en blanco y negro, Ray June (en 35mm (1:19:1)) y Robert H. Planck (en 65mm
Magnifilm (2:13:1))
Dirección artística: Paul Roe Crawley.
Música: Hugo Riesenfeld (música de stock) – no acreditado -.
Montaje: James Smith.
Reparto (por orden de aparición): S. E. Jennings (El hombre de la máscara negra), Gray Hampton (Cornelia van Gorder), Maude Eburne (Lizzie Allen), Spencer Charters (El vigilante), Una Merkel (Dale van Gorder), William Bakewell (Brook), Gustav von Seyffertitz (Dr. Venrees), Chester Morris (Detective Anderson/El Murciélago), Hugh Huntley (Richard Fleming), Charles Dow Clark (Detective privado Jones) y Ben Bard (El desconocido/Detective Anderson).
Duración: 85 minutos.
Estreno: 6 de noviembre de 1930 (Wilshire, Los Angeles, California).
A pesar de que el prestigioso crítico Jonathan Rigby la incluyó en su espléndido libro “American Gothic: Sixty Years of Horror Cinema” (Reynolds & Hearn Ltd., Richmond, 2007) lo cierto es que THE BAT WHISPERS – inédita en salas comerciales en nuestro país aunque sería fácilmente traducible como “EL MURCIÉLAGO” (luego entenderemos el entrecomillado) SUSURRA – es más bien una mezcla entre la comedia y el
whodunit que tanto despreciaba Sir Alfred Hitchcock, aunque eso sí bajo el ropaje de una cinta de terror.
En el principio…
La escritora norteamericana Mary Roberts Rinehart (1876-1958), conocida como la Agatha Christie de las Colonias, publicó su primera novela de misterio, “The Circular Staircase”, en 1908. Previamente la misma había visto la luz por entregas en la revista pulp
“The All-Story Magazine”.
- Como curiosidad, en dicha revista publicó por primera vez sus trabajos Edgar Rice Burroughs (1875-1950), incluyendo las aventuras de su personaje más mítico, Tarzán (“Tarzan of the Apes”, octubre de 1912). -
La novela fue acogida por el público de la época con entusiasmo y convirtió de la noche a la mañana a la escritora en toda una celebridad.
La propia autora junto con el también dramaturgo Avery Hopwood (1882-1928) la transformó en una obra de teatro cuyo estreno tuyo lugar en el Morosco Theatre de Nueva York el 23 de agosto de 1920, convirtiéndose en un formidable éxito de taquilla puesto que permaneció en dicho teatro hasta el 2 de septiembre de 1922 después de 867 representaciones (¡!).
El hoy olvidado Roland West (1885-1952), de escueta filmografía – solo 14 películas entre 1916 y 1931 – ya había hecho una adaptación a la gran pantalla de la misma en 1926 y titulada EL MURCIÉLAGO.
En ambas, West ejerce como productor, guionista y director lo que da idea de su grado de implicación en ambas películas.
De hecho y a pesar de contar con el respaldo financiero de Joseph M. Schenck (1876-1961), presidente de la distribuidora United Artists Corp. (y hermano del todopoderoso Nicholas Schenck [1880-1969] presidente de Loew’s Inc., de la que la MGM no era más que una [eso sí muy boyante] filial) West tuvo que pagar de su propio bolsillo el que la película se rodase en 65mm en el formato denominado para la ocasión
Magnifilm (y que no volvió a usarse jamás).
No obstante la misma fue igualmente filmada en 35mm dado que pocas salas de cine se podían permitir en aquellos años el lujo de adquirir el tipo de pantalla (mucho más grande) requerido para apreciar en toda su grandeza las imágenes rodadas en 65mm.
O sea, que West rodó simultáneamente ambas versiones (y con distintos directores de fotografía) y además solo lo hacía de noche, imagino que para que nada ni nadie le molestase.
Nadie del equipo técnico ni del reparto de la versión de 1926 repitió en la de 1930.
A pesar de que las primeras películas sonoras carecían de una banda sonora creada ex profeso y por ello en este caso se usó música de
stock (o sea, reciclada de producciones previas) de Hugo Riesenfeld (1879-1939) quien llegó a estar nominado en una ocasión a los Oscar (en concreto en 1938 por MAKE A WISH, de Kurt Neumann… el director de la maravillosa LA MOSCA [1958]) West hace un uso muy creativo del sonido, sin duda una de las mejores bazas con las que cuenta la película aparte del hecho de haberse rodado en un tipo de formato que no se haría habitual hasta los años 50.
Aunque THE BAT WHISPERS pertenece al subgénero de las “viejas casas oscuras” (uno de cuyos más insignes representantes es EL CASERÓN DE LAS SOMBRAS (1932), de James Whale) y, por tanto, la acción se centra (salvo el fulgurante inicio que comentaré un poco más adelante) en la mansión que ocupa (en calidad de arrendataria y esto es importante...) la señora Cornelia van Gorder (Grayce Hampton, de lejos la mejor del reparto), su sobrina, Dale (Una Merkel, quien curiosamente salía en la anterior entrega para este rincón, DIPLOMACIA FEMENINA (1932), del gran William Dieterle…), su criada, Lizzie (una Maude Eburne que deja en paños menores a la mismísima Una O’Connor, aunque hay que reconocer que alguno de los mejores – por disparatados – diálogos sale de su boca) y el guarda (Spencer Charters, otro que parece que tiene el baile de San Vito en su cuerpo) y a la que poco a poco van llegando el resto de personajes como las moscas a un panal de rica miel, lo cierto es que West usa la figura de “El Murciélago” (todo un precedente - aunque se encuentre al otro lado de la ley - del personaje “The Batman” creado por Bill Finger [guion] y Bob Kane [dibujo] para el n.º 27 del comic book
“Detective Comics” (mayo de 1939)) para dinamizar la historia, aunque tirando de nuevo de la fraseología hitchcockiana el mismo no sería más que un MacGuffin para desviar la atención del público del (disparatado, aunque simpático) argumento.
West hace un excelente (y yo diría que expresionista) uso de las sombras, especialmente en esa especie de prólogo al que antes aludía y en el que el director tiene la audacia de usar maquetas (algo, por cierto, que también era del agrado del mencionado Sir Alfred) para poder mover con mayor facilidad la pesada cámara de 65mm.
Sin embargo y como decía, al estar la mayor parte del relato centrado en el interior de la mansión (que por dentro parece mucho más grande que por fuera, otro de esos trucos habituales en el cine de antes y de ahora) ni siquiera el uso del
Magnifilm logra evitar el hecho de que parezca que estemos asistiendo a una representación teatral, algo acentuado además por la exagerada interpretación (y especialmente dicción) de buena parte del reparto, algo por otra parte habitual en los inicios del sonoro.
No voy a destripar el argumento de la película dado que como decía la misma es un
whodunit en toda regla y, por tanto, perdería parte del encanto, que lo tiene y mucho, peso a lo dicho.
El protagonista de la misma es Chester Morris (1901-1970), un actor hoy olvidado pero que llegó a estar nominado en una ocasión al Oscar y precisamente por una cinta firmada por Rowland West, RONDA NOCTURNA (1929).
Un galán de la época que parece todo un antecedente del mucho más conocido y admirado Clark Gable (1901-1960) por su bigote, su mirada, su sonrisa y hasta sus sienes plateadas y que aquí encarna al famoso teniente detective Anderson, obsesionado con capturar al no menos famoso (y demente) criminal autodenominado “El Murciélago” (qué os decía antes del uso del entrecomillado…).
En ese trepidante inicio que antes señalaba (sin duda, lo mejor de la función… nunca mejor dicho…) asistimos primero al robo de un valioso collar propiedad del señor Bell (Richard Tucker) por parte de “El Murciélago” a pesar de que este anunciara sus intenciones en una carta al anterior, indicándole incluso el intervalo horario en el que iba a cometerlo y de que, por tanto, el edificio donde aquel reside esté infestado de policías (un bonito guiño a los cuentos de Edgar Allan Poe protagonizados por el brillante detective amateur Arsenio Lupin) y después al de 500.000 dólares en el banco de la localidad de Oakdale pero cometido en este caso no por “El Murciélago” sino por un igualmente misterioso hombre enmascarado y del que el villano es testigo.
En resumidas cuentas, el panal de dulce miel al que hacía antes referencia es la mansión donde vive la señora van Golder y su sobrina puesto que todo parece indicar que este segundo botín ha sido escondido en la misma y más en concreto en una habitación secreta...
Y hasta aquí puedo contar.
Como decía, lo mejor de la propuesta es la imaginativa puesta en escena de West, especialmente ese espléndido uso de las sombras a las que hacía referencia y el hecho de poder ver una película de los años 30 en un formato casi el doble del estándar.
Y en cuanto al argumento…
Creo que por hoy me he merecido un justo descanso.
Buenas tardes y, buena suerte.
P. D. A pesar de lo que parecen indicar los pósteres Una Merkel no es el interés amoroso de Chester Morris...
