Pues yo debo dar el testimonio opuesto.
En primer lugar, sobre la hospitalización.
Primer hijo. La bestia de mi mujer se pasó la mitad del parto en casa, porque en lugar de tener contracciones "de libro" de las que hablan en las clases de preparación, lo que tenía era un dolor difuso de riñones. Al final, de madrugada la llevé al hospital y confirmaron que estaba de parto y ya había dilatado bastante. Se pone el camisón y al poquito rato la bajan a la sala de partos. Una vez allí, le pusieron la epidural y me dejaron entrar. Estaba monitorizada y entonces, con las contracciones, se vio que el ritmo cardiaco del feto bajaba mucho. El gine, evidentemente, se dio cuenta, y dedujo que el niño venía con vuelta de cordón. Por lo bajini, le dijo a la enfermera: "Ve preparando 'lo otro' por si acaso". Al ver que ya había dilatado lo suficiente, aceleró el expulsivo y sacó a nuestro hijo.
En resumen: en casa, el primer hijo se nos muere.
Segundo hijo: como después del primer hijo tuvimos otro embarazo que se malogró, el médico (uno nuevo, por habernos mudado de ciudad y de país) nos hizo un seguimiento especial. A mi mujer le dio diabetes gestacional, que controló con una dieta rigurosa y, ya al final, con inyecciones de insulina. El problema que hay en estos casos es un envejecimiento prematuro de la placenta, que es como un tercer organismo, distinto de la madre y distinto del feto. Y por un fallo placentario se te puede morir el niño antes de llegar a término. Por lo cual, el niño tenía que nacer antes. Y como todavía no se había dado la vuelta, pues no hubo más narices que cesárea programada. El problema es que si adelantas demasiado, el peque puede tener inmadurez pulmonar, así que hay que encontrar el momento justo. Incluso, cuando ingresaron por la noche a mi mujer (para operarla a la mañana siguiente), le hicieron una monitorización y a punto estuvieron de tener que adelantar la cesárea para esa misma madrugada porque veían que la placenta no iba a durar mucho más. Afortunadamente, no fue necesario y el resultado fue excelente. Después del parto, también hubo que hacer un seguimiento especial al bebé, porque los niños de mamás que han tenido diabetes gestacional tienen tendencia a presentar hipoglucemia durante las primeras horas de vida.
En resumen: en casa, el segundo hijo se nos muere.
Sobre la lactancia, yo veo muy bien lo de hacerlo a demanda y todo lo que se pueda. Por desgracia, a mi mujer no le bajó la leche, así que hubo que tirar de biberón.
Y yo tampoco he dejado llorar nunca a mis peques.
Sobre lo demás, como le dijo el pediatra a mi mujer: "Señora, su hijo tiene un problema muy grave... Que ha venido sin manual de instrucciones".

DD