Re: El dia de la revelación (Disclosure Day, 2026, Steven Spielberg)
En fin, tarde pero ya la he visto. Como previa, comentar que no pude hacerlo en fechas de estreno porque coincidió con un viajecillo de vacaciones. Luego, una cosa, otra, los comentarios tibios, si no fríos en el foro… y la casa sin barrer. Y aquí estamos.
Para mí, Disclosure Day es un enorme "quiero y no puedo": una película magníficamente dirigida que promete una gran epopeya extraterrestre, pero termina contando una historia sorprendentemente pequeña. Por supuesto, en la intención del propio Spielberg, la película hace honor a su título: la cosa no va de la llegada de los extraterrestres, sino de su revelación a la humanidad, con todo lo que ello implica. En mi opinión, de todo lo que podría contar, la parte menos interesante de lo que implica una "revelación". Hay una distancia enorme entre lo que creo que Spielberg podría darme, lo que deseo que me dé y lo que finalmente me ofrece.
Durante dos horas y media, la narración oculta tanto a sus personajes que impide conocerlos y empatizar con ellos. Me da igual lo que les pase. Los dos protagonistas son enigmas (incluso hasta el final) que parecen haber pasado por allí. El perseguidor y el hombre al que buscan son simples figuras morales polarizadas. Sabemos qué función cumplen, pero apenas quiénes son. Colin Firth ligeramente amanerado, y Blunt sencillamente maravillosa.
La estructura fragmentada confunde, a mi entender, misterio con retención de información. Hasta las tres cuartas partes de la película no sabemos prácticamente nada: solo intuimos. Y resulta exasperante. Todos los personajes conocen lo que ocurre, pero emplean el viejo truco de ocultárselo al espectador, como si este fuese un personaje más. Hablan y hablan y, cuando parece que algo se va a desvelar, mala suerte: se corta. Un plan maquiavélicamente trazado por el guion. Todavía no es el momento marcado.
Me encuentro ante uno de los defectos más evidentes de ciertas narrativas modernas. Algo que no me gusta decir, pero una sutil nolanización de Spielberg, ahora que está de moda. Saltos temporales, recuerdos fragmentados, narración indirecta y deliberadamente enrevesada… para contar algo tremendamente sencillo y hasta facilón. Al menos no cae en la sobreexplicación, pero, si uno mira detrás de la tramoya, la cosa es muy simple. No hay una gran historia para el recuerdo ni para la maravilla. Y tampoco resuelve gran parte de las preguntas más importantes... Porque la película no va de contar cosas...sino de ocultarlas.
Empiezo a echar de menos las narrativas más clásicas, aquellas en las que lo verdaderamente importante eran la historia y los personajes, no convertirlo todo en algo farragoso para aparentar una profundidad inexistente. En lugar de narrar linealmente una historia de setenta y cinco años, el contacto, el encubrimiento, la evolución de los acontecimientos y sus consecuencias, la película gira sobre sí misma, rellenando poco a poco las lagunas de una trama que podría resumirse, sin exagerar, en veinte minutos.
La narración se vuelve circular, repite escenarios y situaciones y frena interesadamente su propio avance. Incluso algunos conflictos dependen de decisiones poco realistas, de conveniencias de guion casi estúpidas y hasta de algún aparente fallo de continuidad: ¿esa rueda del coche pinchada que después parece haberse curado milagrosamente?
El desenlace es un anticlímax. Ya se ha comentado bastante, pero no está a la altura de más de dos horas de expectativas forzadas. Es muy "made in Spielberg", lo sé, pero creía que el maestro había dejado atrás cierto peaje de ingenuidad juvenil con el que, en otros tiempos, nos deleitaba de manera incomparable. En la era de la inteligencia artificial, además, el mensaje, sencillamente, no colaría con tanta facilidad.
Y, sin embargo, no me queda más remedio que maravillarme ante el arte cinematográfico de Spielberg. ¡Qué encuadres, qué montaje, qué manera de narrar visualmente! Las persecuciones en coche, relativamente sencillas para lo que significan dentro de la trama, son todo un tratado de dirección, de virtuosismo contenido, muy lejos del histrionismo. Y sin necesidad de abusar de esos planos secuencia agotadores que hoy parecen obligatorios para demostrar...algo.
Kaminski, de quien nunca he sido especialmente seguidor, todo lo contrario, vuelve a hacerme añorar desesperadamente a Slocombe y Daviau. No disfruto de la dureza de las luces, de los colores ni del uso constante de flares y reflejos. Y, sin embargo, incluso dentro de una fotografía que no me entusiasma, aparecen detalles hermosísimos: el sutil reflejo del bosque sobre las lunas del coche mientras conversan los protagonistas, utilizado para transmitir movimiento, o el magnífico empleo de las sombras en los interiores. Pero el mérito se lo atribuyo a Spielberg.
Y Williams… ay, Williams. Siempre está ahí. Es una obra aparentemente menor, pero ¿sabéis qué? Es el refuerzo, la fuerza invisible que dota de peso a escenas en apariencia banales. Con muy poco, Williams hace muchísimo. Hay homenajes muy directos a Over the Moon, de E.T., y una sutileza y discreción deliberadas que casi terminan por hacer desaparecer la partitura. Pero su manera de enfatizar la narración sigue siendo inigualable. La simbiosis casi naturalista con la manera de narrar de Spielberg es legendaria, algo que no sabes cómo y por qué ocurre. Es el maestro, no descubro nada. Sin embargo, tampoco hay verdadera magia. La música va con silenciador. La banda sonora resume perfectamente lo que es la película: el maravilloso tema que John Williams nos ha regalado alcanza toda su grandeza… en los títulos de crédito finales. Antes, apenas una exposición lejana, casi insinuada.
La epopeya de verdad, la historia que quiero que me cuenten, aparece cuando la película ya ha terminado. Y es una pena.