Tal como me comprometí, inicio el apéndice al recorrido por la obra de Bergman que finalicé hace unas semanas. Empiezo por la versión para la televisión de Secretos de un matrimonio, que ya comente aquí en su versión cinematográfica. Como creo que Tripley, que ha puesto el turbo, debe haber llegado ya a ella y podrá ofrecer una visión más fresca de la obra, me limitaré sólo a unos breves apuntes, básicamente señalaré las diferencias más notables entre una y otra versión, las cuales suponen un metraje adicional de más de dos horas de duración.
La serie está estructurada, al igual que la película, en seis capítulos, con los mismos títulos, aunque en la edición en DVD de Filmax hay alguna variación poco significativa en la traducción al castellano de esos títulos respecto del largometraje editado por Manga. En la serie, además, cada episodio se abre con un breve resumen del anterior. A destacar que, al igual que en el largo, no hay presencia alguna de música en la banda sonora, sólo en este caso unas breves notas en el momento de los créditos, que por cierto están anunciados por una voz al final de cada capítulo sobre imágenes de la isla de Faro (aunque esto no venga mucho a cuento, la verdad sea dicha).
En (1), la entrevista que hace al matrimonio una periodista de una revista femenina es mucho más extensa, lo cual acentúa la impresión que detrás de la fachada de pareja modelo se esconde una relación quebradiza, en crisis. El añadido más significativo es el segmento final, en el cual nos enteramos que Marianne está embarazada, las discusión de la pareja sobre si tener o no la criatura y, finalmente, el aborto. A destacar que, según se ha comentado antes durante la entrevista, es el segundo hijo frustrado de Marianne, ya que antes de casarse con Johan estuvo ya casada y perdió un bebé poco después del parto. Como podemos comprobar, por enésima vez, nacimientos, defunciones de niños de corta edad y abortos son una constante en la obra del director sueco.
En (2), hay una significativa secuencia en un bar en que Marianne intenta convencer a Johan de hacer vacaciones durante el semestre sabático del que puede disfrutar como profesor, pero él se muestra poco dispuesto. Esto va a adquirir más sentido en (3), cuando Johan confiese a Marianne que se toma ese semestre para irse a París con su amante, Paula, una joven de 23 años. No hay en este tercer capítulo ninguna secuencia añadida, aunque los diálogos son más extensos que en la película.
En (4), Johan visita a Marianne en su piso después de algún tiempo, con la intención más que evidente de irse a la cama con ella. En la serie asistimos a dos conversaciones de Marianne con su amante del momento, David, por teléfono, mientras Johan está en casa, momentos que en el largo no aparecen. La segunda conversación, una discusión que parece poner fin a la relación de Marianne con su amante, evidencia que la ruptura con Johan es algo no del todo superado, que todavía hay un fuerte vínculo entre ellos que ese amor pasajero no ha podido borrar. En este capítulo es cuando Bergman ilustra la lectura que Marianne hace de su diario con fotos del personaje (y de la actriz), como años después hará con su madre, Karin, en El rostro de Karin. En la serie la secuencia es más larga, con más fotos, incluidas algunas de Johan/Erland.
En (5), el capítulo clave, el más tenso y duro, la larga conversación entre Marianne y Johan en el despacho de este, el diálogo es mucho más extenso en la serie, con más alternativas. Pasan varias veces del amor al odio, de la ruptura a la reconciliación, del divorcio a quizá volver a vivir juntos, casi sin solución de continuidad. El montaje cinematográfico es más abrupto, más seco y contundente, sin tantos vaivenes. Por último, en (6) es donde hay quizá más novedades: una conversación entre Marianne y su madre, en que comentan la reciente muerte del padre y la madre confiesa a la hija algunos detalles de su vida conyugal, incluidos algunos de carácter sexual; una nueva conversación de Johan en su despacho con Eva, la colega que vimos en (2), y de la que sabemos que ha estado siendo su amante, aunque el asunto ha terminado; también una conversación con un compañero de trabajo, que está convencido que Johan tiene una relación con la secretaria; y, finalmente, cuando se instalan en la casita que les deja Friedrik (significativamente, el mismo amigo que le dijo a Marianne en el capítulo 3 que mucha gente sabía de la relación de Johan con Paula), hay varias fragmentos de conversación que no aparecían en el largo.
En esta ocasión Bergman renuncia a introducir elementos oníricos o fantásticos, no hay sueños (sólo al final Marianne verbaliza una pesadilla) ni espectros, todo es más prosaico, naturalista, casi vulgar, ni tampoco hay reflexiones sobre la fe o la divinidad, ni sobre la muerte, ni veleidades metafísicas. Las conversaciones de la pareja son de una naturalidad extraordinaria, perfectamente reconocibles, como si se hubieran grabado directamente de una pareja real, casi como un docudrama. Incluso formalmente la cámara de Nykvist no introduce elementos extraños, sólo una gran profusión de primeros planos, algunos primerísimos planos, casi obscenos, como si los personajes estuvieran vistos a la luz de un microscopio. Sólo las imágenes fotográficas que acompañan la lectura del texto de Marianne rompen el tono de la narración.
Catálogo completísimo sobre las relaciones matrimoniales, de boca de un “experto” en propia piel: Bergman se casó cinco veces, aparte de numerosas relaciones extramatrimoniales (como, por ejemplo, con Liv Ullmann) y tuvo al parecer 9 hijos de cinco mujeres distintas. Algo sabía de la materia.




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