08. Hacia la felicidad (Till glädje, 1950)
Comentario anterior.
Como ya apunté en mi comentario anterior, el título del film, ese “Till glädje” o “To Joy” en inglés (he visionado la edición del BFI), corresponde al “Himno a la alegría” del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, con letra de un poema de Schiller (conocida como "Oda a la alegría"), música con la que empieza el film. O sea, más que “Hacia la felicidad” (nombre con el que se editó el DVD de Filmax) parece más correcto referirse a ella como “A la alegría” (la copia en Filmin se titula "La alegría").
Porque, aunque parezca una paradoja, el film, a pesar del trágico inicio, acaba revelándose como un canto a la alegría, entendida esta, como explica al final el director de orquesta (magníficamente interpretado por Vctor Sjöström), como algo más profundo que la mera satisfacción personal (no es esa que se expresa con risas, dice), como algo que “va más allá del dolor y la desesperación”, algo que reconoce que no sabe expresar en palabras, pero para eso está la música de Beethoven. Esa es la lección de vida que parece trasladarse al público en la figura del hijo pequeño del protagonista, el violinista Stig (Stig Olin), que asiste en solitario al ensayo final, poco después de la muerte de su madre.
En su momento expresé una cierta crítica por este final, que me pareció poco sutil. Ahora, en cambio, tengo que reconocer que tanto la conclusión del film, como todo él en su conjunto, me ha parecido magnífico.
Citaba en el comentario de hace años que Bergman explicitaba en sus memorias que la película, con guion original propio, trataba en realidad de su relación matrimonial del momento, de las fidelidades e infidelidades con Ellen (bailarina y coreógrafa con la que tuvo cuatro hijos y de la que se divorció en 1952). Ahí están temas presentes a lo largo de toda su filmografía: embarazos no deseados (Stig rechaza el primer embarazo de Marta); abortos; divorcios (Marta ya había estado casada); relaciones adúlteras… Por lo que respecta a este último tema, la película nos describe uno de los triángulos, o quizá mejor cuadrángulo, más turbadores de su filmografía, el que componen Stig, su rival amoroso Marcel (el habitual Birger Malmsten), violoncelista de la orquesta, el viejo Mikael (un viscoso John Ekman) y la inquietante Nelly (Margit Carlqvist).
Frente a este mundo adúltero, en el que Stig parece moverse con notable incomodidad, la película nos ofrece la cara luminosa, tierna, romántica de su relación con Marta (dulce Maj-Britt Nilsson), perfectamente simbolizada por ese osito de peluche que Stig le regala el día de su cumpleaños, cuando todavía no son más que amigos…
Pero también, ¡cómo no, es Bergman!, la cara oculta, oscura, terrible, de las discusiones, del odio, incluso de la violencia física (la escena nocturna de los bofetones que le da Stig a Marta es escalofriante). Momentos que coinciden con otras traumáticas relaciones de pareja que jalonan su filmografía.
La estructura narrativa juega con el flashback. Empieza en el presente trágico y navega a lo largo de los siete años que preceden el momento de la muerte de Marta. Incluso incluye dentro de uno de los flashbacks lo que parece una rememoración del director de orquesta, puesto que oímos su voz en off comentando una alegre escena familiar con los niños.
Ya que la película se centra en unos músicos, Bergman utiliza brillantemente diferentes fragmentos musicales para ir marcando la evolución de los personajes. Así, por ejemplo, cuando están a punto de casarse, la orquesta interpreta “La novia vendida”, de Smetana. Luego, en los momentos de felicidad inicial de la pareja, suena un radiante cuarteto de Mozart. Una de las escenas culminantes es el fracaso de Stig cuando debuta como solista con el celebérrimo concierto para violín de Mendelssohn.
Film, en resumen, muy equilibrado, que está vez me ha gustado mucho más que en ocasiones anteriores. Para la próxima película, la maldita Esto no puede ocurrir aquí (film del que Bergman no quería saber nada), me temo que seguimos sin copia disponible en formato doméstico, y que, si alguien se anima, hay que recurrir a YouTube. Será, probablemente, un castigo para la vista, pero el afán de completismo tiene sus servitudes.![]()




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