Que son muy distintas, leñe.
El barroquismo excesivo de Scorsese -pero técnicamente impecable- que está desatado ( cosa que me parece muy apropiada teniendo en cuenta ESTE guión), su subtexto religioso/moral y De Niro como SATAN que ha venido a hacer pagar a Nolte por sus pecados (plural, pone los cuernos a su mujer, comete irregularidades en su trabajo, y en cierto momento y por como mira a la hija -con RABIA- cuando descubre que Cady se le ha acercado con libidinosas intenciones incluso me parece percibir ciertos tintes incestuosos ahí, muy jodido todo), me parecen magníficos.
Y está mucho mejor rodada que la de Thompson, cuyo interesantísimo guión (un discurso sobre legislación y amparo legal, que no necesariamente protege a las buenas personas -como lo son la familia Bowden en esa versión, al contrario que en la de Scorsese- en la América de los 60 muy interesante), se merecía un mejor director.
La cinta original la salvan Mitchum, Peck, y Herrmann, además del estupendo guión, obviamente. Pero podía haber sido una obra maestra (daba para ello), y no lo fue.
En la de Scorsese, además, la fotografía del legendario Freddie Francis (esos escorzos, esos angulares, ese scope glorioso), y el montaje de Thelma son extraordinarios. Por no hablar de los títulos de crédito de Saul Bass y señora, conceptual y temáticamente relevantes para con la historia.
Vaya primera mitad de los noventa que tuvo Marty.
Luego vendría The Age Of Innocence, esa si, obra maestra absoluta aún hoy en día no reconocida como tal.
Pero su Cape Fear es de notable alto (no acaba de rematar porque el final no cierra el relato todo lo bien que me gustaría, la voz en off de la hija no me parece suficiente). A veces creo que se le dan palos por ser un proyecto descaradamente comercial, como si eso fuera malo.




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), me lleva a visitar esta película, de título quilométrico y de propuesta argumental y sobre todo formal sumamente original. Nikki, director del que no solo no había visto ninguna película hasta ahora, sino que además no recuerdo haber oído nunca hablar de él, pega la cámara al protagonista, de manera que no suele estar a más de un par de palmos de su cabeza. Como Jaakko, el protagonista (Petri Poikolainen), es un hombre ciego, con esclerosis múltiple (hándicaps que, según indica una nota final, también padece el actor), lo que le impide ver y solo puede desplazarse con dificultad en silla de ruedas, la cámara solo mantiene enfocado su rostro, quedando todo el resto del plano en un persistente desenfoque. 











, director para mí incompresiblemente alabado).
