Llegamos a la primera producción internacional de Bergman: La carcoma, de 1971, rodada en inglés con un actor norteamericano como protagonista, Elliot Gould, que acababa de rodar un film de éxito, Mash. Al parecer hay una versión difícil de visionar en que los actores suecos hablan en sueco, pero no es el caso de la copia que he podido ver, y que corresponde a un añejo pase televisivo de la 2 (con el formato recortado a 1,33:1, en lugar del 1,85:1 que le corresponde), ya que no me consta que haya edición en DVD ni en BD de este film, por sorprendente que parezca. Ese absurdo lingüístico, que los actores suecos hablen en inglés incluso entre ellos en la intimidad, es uno de los muchos elementos desacertados de este film y que dan como resultado el que quizá sea uno de los más flojos de Bergman (él mismo lo tenía en muy baja consideración). No es el único: hay un exceso de teleobjetivo que afea el conjunto; un cierto descuido en la planificación; un guion estructurado de una forma poco convincente, y, para acabarlo de arreglar, una banda sonora por momentos horrorosa (con musiquilla con coro femenino con sus “dub, dub, dub”... ¡Cielos, qué cruz de época!). Además, la pareja Gould/Andersson no tienen la más mínima química. Uno se pregunta durante todo el film qué demonios ha visto Bibi en ese personaje, agresivo, huraño, desequilibrado.
La cosa va de un triángulo amoroso. Un restaurador de obras de arte de origen judío, David (hay ciertas referencias a un pasado marcado por la persecución de su familia no demasiado aprovechado), está trabajando en la restauración de la talla medieval de una virgen con una maravillosa sonrisa, que se ha encontrado en una iglesia rural sueca, pero que oculta en su interior unas larvas de insectos que van a producir esa “carcoma” del título en castellano (una metáfora más que evidente sobre el personaje de Karin y su aparentemente feliz matrimonio). David conoce casualmente a una mujer, Karin (Bibi), cuando esta va al hospital (su madre ha muerto), y la encuentra llorando desconsolada. Poco después veremos que ha establecido una relación con esa mujer y su marido, Andreas (Max von Sydow). David le confiesa su amor y ella, aparentemente insatisfecha en su matrimonio, en su aburrida vida cotidiana dedicada a su marido y a sus dos hijos, acepta iniciar una relación adúltera, aunque los primeros pasos son bastante insatisfactorios, por no decir completamente frustrantes. A pesar de las borracheras, los bruscos cambios de humor y las reacciones extremadamente violentas de David, la relación se mantiene durante meses.
Posteriormente, David se va a Londres y la relación se mantiene por medio de cartas (los actores las recitan ante la cámara). A la vuelta, un día Andreas aparece en el piso de David cuando los amantes están en la cama. Andreas ha recibido cartas anónimas que denuncian la relación. Se esclarece el motivo del porqué David estaba en el hospital al inicio del film: un intento de suicidio. Poco después, David vuelve a Londres sin avisar. Karin viaja hasta Inglaterra en su búsqueda, pero sólo encuentra a su hermana, Sara. Karin le confiesa que está embarazada.
De vuelta a Suecia, Karin rechaza la vida segura que ahora le ofrece David, que quiere casarse con ella. Decide quedarse con su marido y sus hijos. Se separan probablemente de manera definitiva.
Hay algunos aspectos visuales interesantes: el uso del rojo, vivísimo, en los vestidos que luce Karin en diversas secuencias, como un semáforo, como una señal de alerta. También Bergman nos ofrece un momento de carácter humorístico muy de la época: Karin, ante el espejo, va cambiándose de vestidos sin decidirse por ninguno, a ritmo entrecortado (y se acaba vistiendo de rojo, evidentemente). Nykvist vuelve a filmar muy de cerca los rostros de los actores en algunas secuencias, pero de manera menos afinada que en films anteriores y posteriores. Es curioso que esta incursión en el cine internacional se salde quizá con uno de los films de Bergman más descuidados a mi parecer.
A pesar que la fotografía es de Sven Nykvits, vale la pena destacar que los títulos de crédito están realizados por Gunnar Fisher: unas preciosas estampas del pueblo donde viven Karin y Andreas, con unos bellísimos colores (aunque la mala copia televisiva que he visto impida su disfrute). Excelente contribución de Fisher, que sólo había trabajado con Bergman en films en blanco y negro.