12. Un verano con Mónica (Sommaren med Monika, 1953)



Comentario anterior.

Empiezo por el final: la edición. Si el anterior visionado fue un DVD de Manga de calidad mediocre, esta vez he podido gozar del magnífico BD del BFI (A Contracorriente la acaba de sacar también en Blu-Ray, espero que igualmente satisfactoria… y además con extras). Así he podido disfrutar de la bellísima fotografía de Gunnar Fischer, tanto en las brumosas imágenes iniciales de Estocolmo, el recorrido de “huida” de la ciudad a través de sus canales o el largo período de contacto con la naturaleza durante ese “verano con Monika”.







La estructura narrativa esta vez prescinde por completo del flashback y se organiza en tres bloques de duración similar y claramente diferenciados. Como ya los detallé en mi comentario anterior, no me alargo.

Si argumentalmente el film parece una antología de otros momentos de la filmografía ya revisada de Bergman, la película tiene algo que desborda lo visto hasta ahora. Ese “algo” es más bien un “alguien”: la presencia arrolladora de Harriet Andersson como Monika. Si la frescura, la carnalidad, la juventud desafiante de la extraordinaria actriz sueca (todavía viva, con 94 años) nos deja aún hoy en día boquiabiertos, imagino que en los años cincuenta fue todo un descubrimiento, una bomba, como Truffaut inmortalizó en la célebre escena de Les 400 coups.



Cuando aparece en pantalla, la inunda (lo cual, desgraciadamente, contraste con la grisura de su partenaire masculino, Lars Ekborg en el papel de Harry). Sea con esa mirada inicial al espejo, toda una afirmación de personalidad,



desplegando su rotunda carnalidad,



o con su aspecto de fierecilla salvaje (que en algunos momentos me ha recordado la Sandrine Bonnaire de Sans toi ni loi de Agnès Varda).





Y, por supuesto, la perturbadora mirada a cámara que marca el devenir del tercer acto.



Bergman sabe contrastar el ambiente opresivo de la ciudad, donde ambos jóvenes viven asfixiados por trabajos embrutecedores y unas familias que los expulsan emocionalmente, con la naturaleza, la belleza del agua, el viento, la lluvia. Con todo, ese verano idílico se volverá sombrío a partir de la aparición, inverosímilmente casual (pero que funciona como motor de la trama), de Lelle (John Harryson), el rival de Harry a la hora de ganarse las atenciones de Monika.

Una vez más (y van…), el conflicto de pareja se agrava con el embarazo de Monika, incapaz de hacerse cargo de su hija y de soportar sus llantos, llegando a las manos en una de esas escenas, marca de la casa, en que los bofetones actúan como válvula de escape. A veces da la impresión de que el cine de Bergman es una advertencia contra el matrimonio y la maternidad, dicho con conocimiento de causa (aunque él nunca se aplicó el cuento), puesto que Bergman se casó diversas veces, además de tener largas relaciones sin matrimonio por en medio, y tuvo un buen número de hijos de madres diferentes.

Magnífico film, pero sobre todo la creación de un mito: el del “verano con Monika”, anhelo de juventud que todavía hoy sigue siendo tan sugerente como en su día.